La vía más común de entrada del mejillón cebra en un ecosistema es a través de una suelta de agua con larvas, bien transportada en el casco de una embarcación o en algún tipo de recipiente, cebo vivo para la pesca o, incluso, en las patas de algunas aves marinas. Una vez introducido puede ocurrir que el molusco se adapte perfectamente al medio o, incluso, que no logre sobrevivir y desaparezca. Los científicos observaron que en el Ebro se ha adaptado perfectamente, constituyendo una auténtica plaga. Los primeros datos de la presencia del molusco en el Ebro se conocieron en septiembre de 2001, cuando se llegaron a contabilizar 500 ejemplares por metro cuadrado. Las larvas tienen una gran capacidad de dispersión y las hembras alcanza su madurez sexual durante el primer año de vida, llegando a liberar 1,5 millones de huevos al año.