AMALIA LÓPEZ
Las agresiones a los profesores en las aulas tienen muchas formas. Lo más común suele ser que los alumnos problemáticos impidan dar clase, pero también hay violencia verbal y física, e incluso hay algunos docentes que han tenido que hacer frente a situaciones más cercanas al acoso sexual. Carmen Guaita, responsable nacional del sindicato ANPE, aseguró ayer en Murcia que "hay profesoras jóvenes que nos llaman al sindicato para contarnos que tienen problemas con alumnos que creen que pueden acostarse con ellas porque eso es lo que ven en la serie de televisión Física y Química y creen que lo pueden hacer". Guaita fue una de las participantes en la jornada 'La agresión no es la solución', que organizaron conjuntamente ANPE y el sindicato de enfermería Satse.
Guaita aprovechó su intervención en las jornadas para denunciar que la imagen que los medios audiovisuales dan de la figura del profesor está muy alejada de la realidad y es uno de los factores que influyen para que los docentes pierdan autoridad en las aulas; "es muy duro que una profesora pierda el control de su clase por la influencia que tiene una serie de televisión", aseguró más tarde a LA OPINIÓN.
El sindicato ANPE puso hace años en marcha el teléfono del Defensor del Profesor para que los docentes que se sintieran agredidos tuvieran un lugar en el que ser aconsejados y atendidos por psicólogos y pedagogos. Según la responsable de ANPE, "las llamadas más dramáticas son las que recibimos a finales de agosto y son de profesores que ven que empieza el curso y sienten ansiedad; y eso a la larga repercute en la calidad de la enseñanza".
El problema más frecuente con el que se encuentran los docentes suele ser la imposibilidad de dar clase porque uno, dos o tres alumnos, no suelen ser muchos más, lo impiden; "y cuando esto pasa una clase tras otra al final de la jornada el profesor termina cuestionándose si realmente sirve para dar clase, se echa la culpa y ve lesionada su autoestima. El que más sufre siempre es el profesor más vocacional porque realmente tiene interés y no puede"
Guaita está convencida de que los problemas de convivencia en el aula no se arreglarán hasta que el profesor logre imponer su autoridad moral en el aula y las familias y la legislación reconozcan sin lugar a dudas esta autoridad. "Las cosas ya están cambiando y tenemos que seguir trabajando porque todavía estamos a tiempo de atajarlo", afirma convencida esta especialista, que admite que uno de los problemas que hay que solucionar es la falta de preparación de muchos docentes para hacer frente a las situaciones que se presentan en el aula. Desde su punto de vista, "es imprescindible darles herramientas a través de la formación continua para que puedan acerarse a la realidad que no es mala, pero es muy complicada".