AMALIA LÓPEZ
Por mecánico y poco creativo que pueda parecer, multar también tiene su arte. Así es como lo ve el juez Eduardo de Urbano Castrillo, magistrado del gabinete técnico de la Sala II del Tribunal Supremo, que dedicará esta tarde una ponencia a 'El arte de sancionar' en el curso 'La escena del crimen y la seguridad vial', que ayer comenzó en el Aula de Cultura de Cajamurcia y que reunirá a expertos en la materia hasta mañana. En opinión del magistrado, los agentes que ponen las multas deberían "tener más en cuenta el principio de proporcionalidad y ser sensatos" para sancionar sólo a aquellos ciudadanos que realmente ponen en peligro la seguridad vial, "lo cual no significa impunidad, ni mucho menos", aclara el magistrado que esta tarde está dispuesto a llamar la atención sobre lo poco efectivo que resulta el endurecimiento de las sanciones. En definitiva, De Urbano reclama más psicología y menos talonario.
"Los agentes, pero también la autoridad que les da las directrices, deben tener claro que el afán recaudatorio no debe ser la motivación para imponer multas porque eso, al final, resta autoridad a los agentes y no hace ningún bien a la seguridad vial", explica el magistrado, que promete ofrecer a los asistentes a su ponencia de hoy datos y ejemplos claros que muestran sus puntos de vista.
Para De Urbano, "es un verdadero disparate" que puedan llegar a ponerse en algunas ciudades multas de entre cien y doscientos euros por aparcar el coche mal. Todo depende. El magistrado cree que si "el coche no estorba a la circulación ni pone en peligro a nadie, el agente puede advertir al conductor, pero no multarlo". En su opinión la, filosofía de "infracción, castigo, pago" va en contra al Estado de Derecho.
De Urbano considera que "tenemos que procurar que los agentes, que hacen una labor importantísima dentro de las ciudades y en las carreteras, estén bien formados" para ser capaces de tomar decisiones concretas en función de cada caso.
Sobre todo, apunta el magistrado, porque cerca del cincuenta por ciento de las multas que se imponen no llegan a ser tramitadas al ser consideradas "de conclusión imposible" por dudosas. Eso significa para el juez que en muchas ocasiones se ponen multas sin motivos reales que sólo consiguen enfadar al contribuyente y generar la sensación de que las autoridades sólo pretenden sacar cada vez más dinero a costa de multas.