A. GARCÍA
El orgullo y la vergüenza hace que los parados se vean incapaces de pedir ayuda, según indica el profesor José Buendía, quien afirma que el desempleo es psicológicamente más destructivo en los hombres que en las mujeres, "al sentirse responsables de la economía familiar"
El impacto psicológico del desempleo' es el libro de José Buendía que acaba de editar la Universidad de Murcia. ¿Qué encontrará el lector en esta obra sobre los efectos del desempleo?
Se trata de un análisis global sobre la situación del parado, no sólo de la perspectiva económica. Además se habla de ejemplos concretos, se ponen nombres a las estadísticas y se ven las distintas facetas de la depresión.
¿Cuáles son los efectos más visibles que se perciben en una persona que ha perdido su puesto de trabajo?
Aparece un sentimiento de inseguridad, un deterioro de las relaciones con los demás y se debilita la personalidad del propio sujeto. Pero lo más grave es el síndrome de la invisibilidad, ya que el desempleo hace a los parados invisibles ante una sociedad que sigue funcionando y cuyo ritmo de vida continúa sin sufrir cambios. Ese síndrome hace que la vergüenza y el orgullo les impida pedir ayuda.
¿Quiénes son más fuertes ante el desempleo, hombres o mujeres?
Aunque no suele haber diferencia la degradación social de perder el trabajo es menor en mujeres, los hombres lo ven más como una humillación al sentirse los responsables de la economía familiar. El desempleo es psicológicamente destructivo, aunque haya un subsidio, ya que el parado se ve incapaz de cumplir con sus obligaciones como persona.
¿Ese miedo afecta también a quienes tienen un empleo?
La amenaza del paro se revela como una epidemia que alcanza a todos los sectores de la población, tanto desempleados como trabajadores en activo, ya que los que están trabajando se enfrentan cada día a la tensión generada por el miedo al despido.
¿Qué aporta a un persona tener un trabajo, al margen de la retribución económica?
El empleo tiene unas funciones manifiestas, que serían el salario y las condiciones de trabajo, y unas funciones latentes, entre las que estarían las motivaciones positivas del trabajador hacia el empleo, aún cuando el salario y las condiciones de trabajo no son buenas. En las funciones latentes se encontraría que el empleo impone una estructura del tiempo que no se tiene cuando se está parado; implica unas relaciones fuera del núcleo familiar; vincula al individuo a unas metas; proporciona un estatus social y regula la interacción con el entorno.