DAVID CANELLADA
El historial delictivo de Rafael F.G. -conocido como 'El Rafita'- ha vuelto a poner en entredicho la Ley del Menor. Sus reiteradas detenciones -después de haber cumplido ya la pena por su participación, cuando tenía 14 años, en la muerte de Sandra Palo- han multiplicado las voces que exigen endurecer los castigos para quienes se inician en la delincuencia.
Frente a estas protestas, la portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, ha recordado que la realidad de 'El Rafita' "no es la realidad del resto de los menores". Los números parecen darle la razón. Según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, siete de cada diez menores que son condenados no vuelven a delinquir. Esto significa, por ejemplo, que más de mil de los cerca de 1.500 jóvenes que pasaron por los juzgados de menores de Murcia a lo largo del año 2009 lo hicieron sólo una vez.
Del 30% restante, cerca de la mitad se vieron ante los jueces en tres o cuatro ocasiones. El otro 15% constituye la gran preocupación de la jurisdicción de menores. Se trata de aquellos chavales que, apenas abandonan un centro de internamiento, están ya atravesando la puerta de entrada a los juzgados. "Nosotros les ofrecemos todas las oportunidades para reformarse, pero no podemos obligar a nadie", recuerda una de las representantes de la Fiscalía de Menores de Murcia, Mercedes Soler. "El que quiere seguir delinquiendo, lo va a seguir haciendo", lamenta.
En esa estrecha franja se sitúan varias decenas de nombres que, a pesar de su escasa edad, son de sobra conocidos para los equipos especializados en menores de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. En ocasiones, esas precoces carreras delictivas comienzan a los doce años, antes de que sus actos puedan ser castigados. "Este tipo de casos no justifica una reforma -sentencia Soler-. El problema, en todo caso, está en el sistema, pero no en la jurisdicción de menores".