D. C. M.
No hay una norma matemática, pero ese 15% de menores 'multirreincidentes' comparte una serie de características que puede servir para trazar un perfil aproximado. La fiscal de Menores, Mercedes Soler y el titular del Juzgado de Menores número 1 de Murcia, Rafael Romero, coinciden en que la falta de apoyo y de referentes en la familia es uno de los más importantes.
La consecuencia: ambientes desestructurados en los que aparece rápidamente el abandono escolar. "Son chavales que, en un momento determinado, pierden el ritmo en la escuela y ya no son capaces de reengancharse", señala Mercedes Soler. Sin apenas formación ni instrucción, los chavales pierden toda perspectiva de futuro y entran en una espiral de la que resulta muy difícil salir. "Generalmente, su comportamiento en los centros de menores es bueno -apunta Soler-. Los chicos responden cuando se les presta atención y se les imponen normas".
Al salir de los centros, sin embargo, vuelven a zambullirse en los mismos ambientes delictivos y marginales. La ecuación se completa con el coqueteo con las drogas. No son grandes consumidores, pero se inician en el consumo de estas sustancias a edades muy tempranas. "Es muy raro encontrar menores enganchados, pero sí que se aprecia una relación con el hachís, la marihuana, las pastillas y la cocaína", subraya Rafael Romero.
La fórmula no es exacta. Nunca lo es. Pero la combinación de estos factores traza una senda que cada año recorren más de doscientos chavales en la Región y para la que nadie, de momento, parece tener respuesta.