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J. A. PARDO / J. ALBALADEJO J. A. PARDO / J. ALBALADEJO
Afirmaba un pintor callejero asiduo por Murcia hace unos años que "el arte duerme en los museos y los artistas mueren en la calle", atribuyendo la sentencia a Picasso. La tendencia, sin embargo, parece estar cambiando a un ritmo casi vertiginoso. Al menos, cada vez son más los certámenes que se proponen como objetivo sacar a la vía pública el fruto de la creatividad. Ahí están, como ejemplos, el festival Alter-Arte, que disemina por Murcia obras de más de una decena de autores cada año; los certámenes de pintura al aire libre que se celebran en la mayoría de los municipios de la Región; el Explum de Puerto Lumbreras o el proyecto museístico llevado a cabo en las calles de Ceutí.
Junto a esta 'popularización' del arte, corre pareja otra tendencia que se acentúa cada día más: la de convertir cualquier rincón, por lejano que pudiera parecer a las musas, en un espacio destinado al arte. Así, encontramos salas de exposiciones en viejas cárceles, hospitales, conventos, hangares de ferrocarril, estancos de tabaco o estadios de fútbol. La iniciativa no es nueva; basta con mirar al edificio concebido para servir de almacén de cereales que es el murciano Palacio Almudí, o, a apenas trescientos metros de distancia, a la sala de exposiciones que acogen los restaurados Molinos del Río.
Sin embargo, la tendencia parece vivir un momento de esplendor. Las administraciones públicas han encontrado en la difusión del arte la manera de aprovechar edificios históricos o en desuso. Es el caso de la reconversión prevista en el convento de San Francisco de Mula, que acogerá un museo de arte moderno y contemporáneo murciano, o el del eterno proyecto, sin concretar, de utilizar la Cárcel Vieja de Murcia como sede del Museo de Arte, Diseño y Medio Ambiente.
Casi cualquier lugar es susceptible de convertirse en un espacio artístico. Por tradición, los espacios vinculados a la religión han ocupado un lugar preferente en estas reconversiones. Así, junto a la sede del Gobierno regional, la iglesia de San Esteban, desacralizada, acoge algunas de las exposiciones con más renombre en la Región. También las amplias posibilidades del convento de Santa Clara, en pleno centro de la ciudad, sirvió para reestructurar el complejo en tres zonas: una para conservar el culto religioso y la oración, otra para acoger el Museo de Santa Clara, y una tercera, de la Fundación Cajamurcia, reconvertida en un activo centro cultural que acoge numerosas exposiciones y talleres.
La lista de edificios religiosos es mucho más amplia, e incluye el Museo del Convento de Santa Ana del Monte de Jumilla y, sólo en la ciudad de Murcia, templos como la iglesia de Verónicas y la de San Juan de Dios y el complejo que rodea a la iglesia de Jesús, que acoge las obras del imaginero Salzillo.
Pese a la tradición de la reconversión religiosa, el uso de edificios civiles no se queda atrás y es quizás el más usual en la actualidad. Un capítulo aparte merecen las instalaciones militares o policiales. Así, el murciano Cuartel de Artillería se ha convertido en un referente a la hora de hablar de arte en la ciudad. Antiguas prisiones también sirven de espacios artísticos, como es el caso del centro sociocultural La Cárcel de Totana o la Casa Cárcel de Molina de Segura, que este año celebra su 25 aniversario como lugar de exposiciones. Hace apenas un mes, el antiguo cuartel de la Guardia Civil de Santo Ángel, en Murcia, se sumó también a los espacios culturales de la Región.
A medio camino entre la instalación militar y la sanitaria se encuentra el antiguo Pabellón de Autopsias del que fuera Hospital de Marina de Cartagena, reconvertida ahora en una sala de exposiciones de arte emergente. En Ceutí, las instalaciones de una antigua fábrica de conservas sirvieron para materializar en 2004 un ambicioso proyecto que nació con el nombre de Ceutimagina y que el año pasado dejaba paso a otro espacio para el arte contemporáneo, La Conservera.
Palacios y antiguas residencias señoriales completan la lista de edificios civiles. Así, en Cartagena podemos encontrar el remozado Palacio Consistorial, antigua sede del Ayuntamiento y hoy edificio destinado a la cultura, y el Museo Regional de Arte Moderno, (Muram) que hace menos de un año abrió sus puertas en el modernista Palacio de Aguirre. En Lorca, el Palacio de Guevara, un edificio barroco levantado en el siglo XVII por De Bussy, se utiliza como museo y para actividades culturales.
El ámbito privado tampoco es ajeno a la reutilización de distintos espacios como recintos para el arte. Así, la Fundación Real Murcia también ha apostado por dejar un rincón para las musas en su campo, con una sala de exposiciones en el palco de honor. La Fundación Cristóbal Gabarrón, por su parte, se sirvió de una casa palaciega en Mula del siglo XVIII para ubicar allí la Casa Pintada, una sede cultural que utiliza incluso las antiguas bodegas como sede de exposiciones.
Un galerista murciano, Emilio Morales, se fijó en un hangar de la estación de tren de Balsicas para ubicar su sala, La Ribera. Y Antonio Nicolás llevó a cabo un proyecto más modesto y utilizó su estanco de tabaco para mostrar obras de jóvenes de artistas. Es Tabac Galery, en Llano de Brujas.
A todos ellos se suman los numerosos bares y cafeterías que decoran sus muros con obras de arte. El último en abrir, Pan de Oro, una confitería en la plaza de Santo Domingo, en Murcia.
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