MARGA JIMÉNEZ-FONTES
Volando voy, volando vengo. Por el camino yo me entretengo". Así rezaba la canción y así comenzaron ayer su gran aventura los diez alumnos de Sexto de Primaria del colegio San Miguel y Santo Domingo de Mula. "¡Ay qué miedo, Señor!". Esta es la primera frase que se escuchó en el vuelo que ayer llevó a estos niños al aeropuerto de Barajas de Madrid. Para todos ellos, excepto para Marta Zapata, era la primera vez que subían a un avión, y el nerviosismo y la ilusión se veían reflejados en sus ojos.
Ellos fueron los elegidos para participar en el vuelo inaugural del 'Aula Aérea' de la consejería de Obras Públicas, un programa que permitirá que cerca de 4.000 estudiantes de la Región viajen de forma gratuita en avión y conozcan las entrañas de un aeropuerto. El reloj marcaba las 15.40 cuando las sonrisas tímidas de los niños comenzaban a transformarse en caras de asombro y temor. Encarna Díaz no pudo callarse y, cogiendo la mano a su compañera, exclamó: "Nos vamos a caer, nos vamos a caer". Pero pronto las cámaras de fotos se convirtieron en protagonistas en manos de los estudiantes de once y doce años, que no querían dejar sólo en su recuerdo las imágenes y el paisaje que se podía ver desde el avión –el mismo modelo que usan Botín o Amancio Ortega, según puntualizó una de las guías–. El de ayer fue el "bautismo de vuelo" de Lucía Turpín, María Piedad Campos, Encarna Díaz, Manuela Buendía, Ana Belén Díaz, Paola Párraga, Ana Verdejo y Diego José Pérez de Tudela, el único chico de la expedición. Sin duda, una experiencia inolvidable que se completó con una amplia visita a la T4 de uno de los aeropuertos mejor preparado del mundo. Zona de embarque, cómo llegan las maletas a los aviones, pasar por la cinta del escáner, entrar en las entrañas de Barajas y una gran sorpresa, entrar a la Sala de Crisis, lugar en el que se toman a diario grandes decisiones. Para ellos la visita de ayer fue mucho más que una excursión: "Esto es impresionante". No hubo nada que no les gustara aunque "lo de quitarnos los zapatos cada vez que entrábamos era un follón". A las diez de la noche terminó una excursión de altos vuelos.