I. L. M.
El problema de fondo de la educación no está en las aulas, sino en los hogares. Así lo piensan Judith, Teresa y Alba María, que señalan que, en realidad, la autoridad del docente no está cuestionada ni es la cuestión que más debe preocupar a los políticos y a la sociedad porque el problema real está en la familia. "A veces es en la propia casa donde los chavales no respetan los límites. Por eso, cuando el alumno llega a clase está perdido. Si en su casa se lo consienten todo, en el colegio y en el instituto va a querer lo mismo", explica Alba.
Para Judith, es intolerable que un niño pueda ir "asalvajado" a clase. "Tiene que saber cuándo tiene que estar en silencio, cuándo es tiempo de bromear y cuándo acatar las normas, pero eso es responsabilidad de los padres".
Así pues, la conclusión es que la educación debería ser tarea de los progenitores y la formación de los docentes, aunque la mayoría de profesores y maestros ya están cargando a sus espaldas ambas responsabilidades. Para Alba María, las familias cada vez dejan más de lado la tarea de educar "porque los padres tienen la confianza de que a sus hijos se les van a impartir valores o normas en el colegio como las que ellos tendrían que inculcar en casa".
Como dice Teresa, "ese mimo y celo con el que los padres protegen y cobijan a sus hijos y les dan todo lo que quieren es consecuencia directa de que los chicos hagan en su casa lo que les dé la gana, y en el centro de estudios también".
Entonces, ¿se peca de permisividad y los límites y las normas quedan en un segundo plano? Judith lo tiene claro; hay una tarea que los padres no pueden saltarse: la de ser padres. "Los progenitores tienen que discernir cuáles son sus tareas. Es verdad que se puede ser un padre próximo y que dé libertad, pero también que enseñe. Se hace mucho daño a un hijo no dándole las herramientas necesarias para que sepa moverse por la vida porque siempre va a ir dando tropezones".
Teresa, que lleva más de treinta años ejerciendo como profesora, cree que los padres pueden ser más o menos permisivos o autoritarios, pero lo que tiene claro es que "todos debemos tener unos modelos de actuación. Si cada uno hace lo que le da la gana en casa, estamos perdidos", aclara. Y es que, a su juicio, un centro educativo es el fiel reflejo de la sociedad.