ENRIQUE SOLER / EFE
Una 'despertá' de más de 40 minutos anunciaba al amanecer que Caravaca de la Cruz se engalanaba para la solemne apertura del Año Santo 2010. A las ocho y media de la mañana la comitiva partía desde la plaza del Arco para dirigirse al convento de clausura de Santa Clara, donde las madres que regentan la casa esperaban para hacer entrega al alcalde de la ciudad, Domingo Aranda, de la bandeja de purificadores que serían posteriormente usadas en la santa misa.
A su vez, las monjas otorgaban al hermano mayor de la Santísima y Vera Cruz, José Luis Castillo, la bandeja de flores que sería entregada en la ofrenda a la sagrada patrona.
Minutos después, la comitiva se trasladó hasta la iglesia de El Salvador, donde el párroco Jesús Aguilar procedió a la apertura del Libro Jubilar, en el que se espera que queden inscritos más de un millón de peregrinos a lo largo de este 2010. Numerosos miembros de la comitiva se acercaron para dejar ya su rúbrica en dicho documento.
Una vez finalizados los actos protocolarios y realizada la estación jubilar en la iglesia Mayor de la Ciudad, toda la comitiva se dirigió hacia la Basílica-Santuario para recibir allí a las numerosas autoridades que se dieron cita en el acto de apertura, al frente de las cuales estuvieron el presidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel; el delegado del Gobierno, Rafael González Tovar; y el alcalde caravaqueño.
La misa, que se celebró dentro del templo para evitar el frío y el viento, estuvo presidida por el cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela.
En su homilía ante alrededor de 2.000 fieles, Rouco Varela pidió que el Año Santo de Caravaca sea "un año rico y fecundo en evangelización", y llamó a la peregrinación a esta ciudad santa como forma de alcanzar la "verdadera gloria".
"La peregrinación representa y actualiza el itinerario espiritual de la conversión penitente del Señor", dijo el presidente de los obispos españoles antes de añadir que "se descubre en toda su verdad cual es la gloria a la que debe aspirar el hombre y cuales son sus frutos en su vida cristiana". Para Rouco Varela, la experiencia del Jubileo "no puede ser de más actualidad en este momento tan crítico por el que atraviesa la sociedad contemporánea, que interpela con tanta gravedad a la Iglesia convocada por Juan Pablo II y Benedicto XVI a una nueva evangelización".
Además, Rouco Varela alertó sobre el resurgimiento del "mito del súperhombre, que prescinde de la fe en un ser superior" y que, según el arzobispo, "ha vuelto revestido de nuevas formas y con reforzada influencia en la vida y sociedad de nuestros tiempos", al tiempo que apostó por "soluciones éticas, espirituales y teológicas de fondo frente a la crisis".