JUAN PALOP (EFE). PADANG
Los equipos de rescate luchaban ayer contra el reloj y la adversidad para extraer de los escombros a miles de personas enterradas por el seísmo de la isla indonesia de Sumatra, en el que murieron al menos 1.100, según Naciones Unidas. Dos días después de que el fuerte terremoto sacudiera la costa occidental de esta isla del Océano Indico, cerca de 3.000 personas continuaban bajo toneladas de escombros y amasijos de hierros retorcidos, señaló el Ministerio de Sanidad.
Las ruinas del hotel Ambacang, un edificio de seis plantas construido en la época colonial holandesa, era el lugar de la ciudad de Padang donde se concentraban gran parte de las tareas de rescate, que los socorristas llevaban a cabo con la ayuda de dos excavadoras. "Las columnas del segundo piso fallaron y todo el edificio se derrumbó. Hoy hemos conseguido recuperar los tres primeros cadáveres, pero creemos que quedan otras ochenta personas dentro", explicó Zull Hendry, miembro del equipo de respuesta rápida del Ministerio de Sanidad.
"Vamos a seguir retirando escombros hasta que quede todo limpio, pero ya casi es imposible que encontremos a gente con vida", añadió. Detrás del cordón de seguridad, decenas de vecinos, entre ellos familiares de las personas sepultadas, observaban en silencio el penoso avance de las tareas de rescate. "Yo no pienso moverme de aquí hasta que encontremos a mi padre", aseguró el joven indonesio Saharo junto a su familia. La prioridad de las autoridades era localizar a cientos de personas desaparecidas, aunque a cada hora que transcurría disminuía la esperanza de encontrar a gente con vida sepultada bajo los cascotes.