CARLOS GARRIDO
Pasábamos tantísimas horas sobre aquellas motos que nos manchaban el pantalón de aceite. Aquellas motos, las Sanglas, que no tenían ni parabrisas. Aquellas motos...". Lo dicen Alfonso García Diana y Tomás Villamayor, dos guardias civiles retirados de 75 años, y que ayer paseaban nostálgicos entre los compañeros jóvenes, las autoridades políticas y los curiosos que se acercaron al edificio auxiliar de la delegación del Gobierno a celebrar el 50 aniversario de la Dirección General de Tráfico (DGT).
Lo narran dos hombres que reconocen que su oficio ha evolucionado mucho, "muchísimo". Dice Alfonso que cada mañana tenía que forrarse el pecho de periódicos para evitar el frío "que les partía el pecho". Recuerda también que cada jornada de trabajo era una aventura salvaje. "Si nos encontrábamos con un accidente no podíamos dar el aviso. No llevábamos radios. No había medios técnicos. Teníamos que parar a algún coche para que fuera corriendo a dar parte para que viniera la asistencia o la ambulancia, o el juez, si era el caso".
Tanto Tomás como Alfonso miraban con nostalgia las imágenes expuestas por la DGT para rememorar el medio siglo de una institución que se ha transformado profundamente. Un viaje de cinco décadas en el que se pasó de gestionar unas carreteras y un parque automovilístico prehistórico, a regular -en la Región- la sexta flota de coches del país. Mientras, Tomas, que ha sacado de su cartera una decena de fotos en blanco y negro, habla de su peor jornada de trabajo. La de Despeñaperros. "No lo puedo olvidar. Colisionaron un camión y autocar repleto de extranjeros. Murieron 17 personas".