"¿Qué cabeza puede matar solo por envidia?", se preguntan los vecinos que conocían a Pedro Antonio Aniorte Egea, el presunto fratricida.
Pedro Antonio, de 42 años, llevaba varios meses en paro. Antes había trabajado como guardia de seguridad y como albañil, trabajos fugaces y nada estables.
Los pocos que han tenido la oportunidad de entrar en su vivienda afirman que dedicaba todo su tiempo libre a leer novelas dramáticas y de intriga cuyo final era siempre la tragedia. "Tenía la casa llena de libros de crímenes", cuentan. Algunos de los adjetivos que le dedican quienes le conocían son "austero", "grosero" e incluso "loco".
Según sus vecinos, Pedro Antonio era una persona solitaria que envidiaba a su hermana. Ella tenía trabajo, él no; ella tenía coche y carnet, él no; ella se llevaba muy bien con la gente, él no.
Todo cuanto hacía Eusebia le parecía mal. La víctima les limpiaba y les hacía la comida, y a cambio Pedro Antonio la insultaba. Seis meses antes, el presunto fratricida ya dio un aviso a Eusebia. La golpeó contra el suelo en una discusión y tuvo que ser atendida en el hospital Los Arcos con fuertes contusiones. Ella no llegó a denunciar la agresión.
Sus constantes discusiones eran conocidas en la pequeña aldea de Los García de Abajo. Tanto es así que los vecinos veían cada vez más peligrosas las visitas de Eusebia, aunque nunca se imaginaban que esto terminaría como uno de los libros preferidos de Pedro Antonio.