J. G. S.
"Estamos rotos de dolor". Así definieron su estado anímico numerosos familiares de Paloma Gómez Marín, la niña murciana de cinco años que murió el domingo succionada por la hélice del barco de su abuelo materno en la playa de Cabo Roig (Orihuela). El tanatorio de Jesús de Murcia se llenó de familiares que acudieron a velar el cuerpo de la menor, que vivía con sus padres en la urbanización de La Alcayna.
Antes de llegar a la capital de la Región, el padre, Andrés Gómez, pidió en el hospital donde estaba ingresada su mujer, de 35 años, que "todo el mundo respete esta muerte ocurrida en mi familia". Por su parte, la madre, ingresada el domingo en el hospital de Torrevieja recibió el alta voluntaria para acudir a darle el último adiós a su hija, después de que también sufriera varias heridas en el suceso. La mujer, que tuvo que ser intervenida por una rotura de tobillo expuesto, salió del centro sanitario con el fin de participar en los preparativos del entierro de su hija, que será hoy a las cinco y media de la tarde en el tanatorio de Jesús, según informaron fuentes del tanatorio.
El hospital informó que, médicamente no habría sido dada de alta tan pronto, aunque el centro accedió a hacerlo por las circunstancias excepcionales en las que se encuentra y por las que le dispensó atención psicológica. El abuelo de la menor fallecida, patrón de la embarcación, que también acudió a urgencias por una crisis de hipertensión, visitó el cuerpo sin vida de su nieta 'sin poder articular palabra'. Mientras tanto, según confirmaron fuentes de la Guardia Civil, la investigación recoge que "todo fue un accidente". La familia Gómez Marín se encontraba de vacaciones en Pilar de la Horadada en un barco de 7,5 metros de eslora.