JOSÉ FRANCISCO BAYONA
Rafaelillo, de Murcia, pudo obtener un triunfo rotundo ayer en Pamplona después de cuajar soberbiamente a dos buenos toros de Miura. Un pinchazo, una estocada que el segundo toro de la tarde no acusó como se esperaba y un descabello tardío, dejaron en saludos desde el tercio la primera aparición de Rafaelillo en la tarde; un metisaca delantero tras el que el toro se partió una mano y un descabello certero redujeron el premio de la faena al quinto a una vuelta al ruedo.
Pero más allá de premios numéricos, queda la sensación de que Rafaelillo se ha podido destapar definitivamente como lo que es: un torerazo extraordinario.
Las dos faenas tuvieron el mismo concepto: muleta adelantada, suavidad y largura en el trazo, firmeza, ligazón. Y un temple exquisito. Rafaelillo toreó al ralentí a los dos 'miuras', gozó como pocas veces y toreó maravillosamente bien, a compás, siempre encajado y muy de verdad, siempre convencido y apostando. Y, muchas veces, también relajado.
Rafaelillo apuró a sus toros al máximo, les hizo perrerías y, a veces, pasó la línea más de la cuenta, como cuando quiso abrir su primera faena con un pase cambiado por la espalda, y estuvo a punto de ser cogido. El primero, de hecho, lo volteó sin consecuencia. Y es que aunque el lote de Rafaelillo en Pamplona fue bueno, no hay que olvidar que los toros eran de Miura.
De nuevo Pamplona. De nuevo los 'sanfermines'. Tras la salida a hombros el año pasado, también con una corrida de Miura, por la vía de la épica y el valor, la tarde fantástica de Rafaelillo en 2009. No redondeada con la espada, es cierto, pero tan maciza, tan buena, que en este caso dan un poco igual las orejas. A él no, seguro. Pero a los que le vimos sí. Cumbre.