M. J. G.
Lo que pretendía ser una inauguración triunfal pudo acabar en lipotimia, pero el ministro de Fomento, José Blanco, y una veintena de altos cargos de Murcia y de Castilla-La Mancha, lograron soportar sin desmayarse una temperatura de más de 40 grados embutidos en sus trajes oscuros bajo el casco de albañil, mientras esperaban infructuosamente que una gran perforadora abriera la boca del túnel de la variante de Camarillas que da a Albacete, en la sierra de Hellín. Mientras la víctima no fuese el delegado del Gobierno, Rafael González Tovar, que es médico, tenían al menos la tranquilidad de contar con alguien que les atendiera.
"Vaya día de calor", dijo el ministro al bajar del coche oficial, sin saber que la temperatura de ayer es normal en esta zona. Junto con el delegado del Gobierno en Murcia, acudieron al acto el consejero de Obras Públicas, José Ballesta; el diputado del PP por Murcia Andrés Ayala; el alcalde de Calasparra, Jesús Navarro; y el dirigente de Ecologistas en Acción Juan Antonio Conesa, además del secretario general del PSOE, Pedro Saura. Había también alcaldes y representantes del Gobierno y del Parlamento manchegos.
Blanco y los miembros de la comitiva se situaron frente a la pared por la que debía asomar la perforadora bajo un sol implacable. Hacia las 14.15 horas empezaron a caer los primeros terrones que indicaban el avance de la máquina. Parecía que el muro iba a disolverse como en la película 'La momia', pero la pedriza se fue haciendo más gruesa, hasta que asomaron las aspas de la tuneladora en la parte superior. Después se paró. Un técnico que hablaba por el móvil decía algo sobre una bomba hidráulica y preguntaba cuánto tiempo tardarían en llevarla. Pasados unos quince minutos, la comitiva decidió regresar al amparo de la carpa con aire acondicionado donde estaban previstos los discursos y el aperitivo, pero volvió a escucharse el ronroneo de la máquina. "Es lo que tiene el directo", comentó alguien. El ministro y sus acompañantes dieron media vuelta a mitad de camino y se instalaron otra vez frente al túnel, pero fue inútil: las aspas daban unas cuantas vueltas y volvían a deternerse. Acabaron desistiendo. José Blanco hizo un breve discurso y salió pitando hacia el coche oficial sin hacer declaraciones y sin detenerse a despedirse.
Por la tarde, la Delegación del Gobierno remitió una fotografía en la que se ve la boca del túnel totalmente abierta