DAVID CANELLADA
Víctimas o verdugos. Hasta ahora, la veintena de imputados en la operación Tótem han sido considerados como los responsables de una trama organizada en torno al negocio del ladrillo para llenarse los bolsillos por la vía rápida. En definitiva, los malos de la historia. Ahora, sin embargo, los supuestos verdugos pretenden darle la vuelta a la tortilla y han adoptado el rol de víctimas.
Así se siente Joaquín Carmona, uno de los imputados en la operación. Carmona entró en el negocio de El Raiguero como corredor. Su misión era buscar terrenos para la empresa gallega Inmonuar, que pretendía construir una urbanización en Totana, y negociar con los propietarios. A cambio, recibiría más de tres millones de euros. "Puede parecer mucho dinero, pero eran mis honorarios. Yo fui el que hizo todo el trabajo y conseguí acuerdos beneficiosos para todas las partes".
Carmona no tiene reparos en admitir que en Totana -"como en todas las operaciones"- hubo comisiones. "Pero eran comisiones legales por una operación completamente legal". Su intención es hacer énfasis en esta idea, ya que está convencido de que la juez encargada del caso -la titular del Juzgado Mixto número 1 de Totana, María Asunción Navarro- parte de un error de bulto. "Los terrenos que compró Inmonuar ya eran urbanizables un año antes de que llegase esta empresa, por lo que no pudo haber comisiones a cambio de la recalificación".
En concreto, Joaquín Carmona se refiere a que los terrenos de El Raiguero en los que pretendía construir Inmonuar figuraban como suelo urbanizable no sectorizado residencial en el Plan General Municipal de Ordenación Urbanística de Totana, cuya aprobación inicial se firmó en septiembre de 2005. El convenio con Inmonuar, sin embargo, tiene fecha de octubre de 2006. "Si ya era urbanizable -pregunta Carmona de forma retórica- ¿Cómo iba a pagar Inmonuar por algo que ya estaba recalificado?".
Su explicación es sencilla. "No tengo duda de que todo esto es una manipulación política" afirma, contundente. Esto podría servir, según Carmona, para hacer tambalearse la acusación de cohecho. "Si no hay una decisión injusta o ilegal por parte del ayuntamiento no puede haber cohecho", insiste.
Para él, la persona que desencadena el torbellino que estalló en noviembre de 2007 fue otro de los intermediarios, Emiliano Ovide. "Quiso estafar a Manuel Núñez, el responsable de Inmonuar, pero le descubrieron y acudió al PSOE para presionar".
Esta revelación, según su interpretación, fue aprovechada por el PSOE para intentar sacar al PP de la alcaldía de Totana. En este punto del relato, los representantes de la ley se convierten en los malos de la historia y los supuestos corruptos resultan ser los buenos. En esa batalla, Carmona no se alinea con unos ni con otros. Simplemente, se siente una víctima. "Los que pasamos por allí no tenemos nada que ver. PSOE y PP deberían resolver su guerra por su cuenta y, sobre todo, no mentir".