C. GARRIDO
El servicio murciano de Emergencias celebró ayer en Murcia unas jornadas para potenciar la cooperación entre cuerpos de rescate. Participaron miembros de Protección Civil, Bomberos y de la Unidad Militar de Emergencias (UME). En estos cursos se desarrollaron estrategias para mejorar la colaboración entre los servicios autonómicos y estatales a la hora de frenar incendios, o rescatar a personas atrapadas tras un siniestro. Por la tarde, este periódico fue invitado a compartir un vuelo de reconocimiento en helicóptero, de los que el servicio murciano de Emergencias realiza rutinariamente, sobre Murcia y su entorno más cercano. Todo comenzó en el helipuerto que el servicio tiene en la Sierra de la Pila.
Base aérea del servicio murciano de Emergencias, cinco y media de la tarde. Luis Gestoso, director general de Emergencias, hace acto de presencia. Saluda a todo el que le sale al pasó y conciencia a sus invitados: "Siempre lejos de las aspas", recuerda. A los mandos del helicóptero el piloto José Gil. Cinco minutos bastan para que ese aparato tan endeble al tacto se eleve y se eleve. El viaje arranca en la sierra de la Pila. Allí se descubre que esta sucesión de montes es muy verde. La nave se dirige hacia las dos garitas de vigilancia de este espacio natural. En ellas, dos vigilantes cuidan para avisar en caso de que se produzca un incendio. Uno de ellos, que trabaja a más de 1.200 metros de altura no lo duda. En cuanto percibe el ruido de los motores inicia una danza de brazos que invita a pensar que pide auxilio. No es así. Gestoso explica que si enseña el culo significa que necesita días libres. Parece que no es el caso. Sólo saludaba.
El piloto encamina la nave hacia La Alcaina y Altorreal. Bajo el helicóptero aparecen las urbanizaciones. Después el campo de golf, los centros comerciales y un estadio que recuerda a la maqueta que fue antes de ser el estadio que es. Poco después, el vuelo se dirige hacia la ciudad. Los ocupantes juegan a buscar su vivienda entre el árbol de calles y avenidas. El cristo de Monteagudo llega a estar tan cerca que parece que se le podrá acariciar. En el cielo también hace calor, y las nuevas torres que pueblan la ciudad lucen su mal de altura con gracia. El río parece una serpiente que parte la urbe y se entromete en la huerta tanto hacia el norte como al sur. Murcia desde el aire es mucho más hermosa y especial. Sólo han pasado 45 minutos desde el despegue, pero parecieron 15.