ANDRÉS TORRES
José Ros Martínez o Pepe el del Bohío, como le conocían todos sus vecinos, ha dejado un hueco tras la barra del Bar El Bohío, al que ha dedicado más de cuarenta años de su vida.
Falleció el jueves a los 77 años y numerosos vecinos acudieron a darle el último adiós en el funeral que se celebró el viernes por la mañana en la Iglesia Parroquial de San Cristóbal.
En realidad, Pepe se inició en el mundo de la hostelería con una bodega que montó con sus hermanos en la subida de San Diego, aunque no tardó mucho en instalar su propio negocio en la Barriada San Cristóbal, donde estuvo trabajando incluso el día que tenía que ingresar en la planta de neumología del hospital. "Ya sé que es un tópico cuando alguien se muere, pero es que realmente mi padre ha sido un hombre bueno que lo ha entregado todo por su familia y por su bar, para que nunca nos faltara nada", relata su hija Esther, que resalta que su padre echaba horas y horas en su bar. "Al principio, el bar era también pensión y mi padre y mi madre echaban días enteros de trabajo", recuerda.
Toda la familia se ha volcado con el negocio. "El bar es nuestra casa. La zona para los clientes es el bajo y nosotros vivimos arriba, pero comemos y cenamos en el bar", cuenta Esther, quien presume de que a su madre, Manuela Asensio, le reconocieron sus años de dedicación a la hostelería con el premio a la Mujer Santa Marta, que concede la asociación de hosteleros de Cartagena (Hostecar).
Las tapas de Pepe eran muy apreciadas por sus clientes. Disfrutaban de su lomo adobado, su tortilla de patatas y sus calamares a la romana. Su hijo José Manuel toma el relevo y se hará cargo del negocio familiar, pero no duda en afirmar: "Siempre será el bar de mi padre".