EFE
Además, cada año que pasa, el nivel del mar crece tres milímetros, los glaciares pirenaicos siguen desapareciendo (se ha perdido un 88 por ciento en los últimos cien años) y los humedales y lagunas están más degradados y amenazados.
En resumidas cuentas, el clima del sur peninsular es cada vez más "africano" y el del norte más "mediterráneo", y este cambio climático tiene ya consecuencias muy serias sobre la fauna, la flora y los sectores productivos españoles, según la responsable de Cambio Climático de Greenpeace, Aida Vila.
Todas estas evidencias se incluyen en el informe "La crisis del clima. Evidencias del cambio climático en España", un trabajo publicado por esta organización ecologista, cuya sección española cumple hoy 25 años.
Por sectores, el informe precisa que la falta de recursos hídricos, la progresiva desertización de la tierra y el aumento de la temperatura están afectando "seriamente" a los recursos pesqueros españoles, los cultivos (en especial a los viñedos y la agricultura andaluza) y a la producción forestal de la meseta norte.
El sector turístico (el que más ingresos genera en España) es el otro gran damnificado por el cambio climático, ya que el aumento de las temperaturas intensificará los fenómenos meteorológicos extremos como las sequías y las olas de calor, y obligará a cerrar la mayor parte de las estaciones de esquí españolas.
Pero además, todos estos cambios climáticos están teniendo ya sus efectos sobre la biodiversidad española, algunos de ellos tan especiales y sensibles al cambio climático como las marismas del Guadalquivir, el Delta del Ebro o el Mar Menor.
En el caso de las montañas, el aumento de la temperatura explica muchos de los cambios que se están produciendo en los ecosistemas forestales del macizo del Montseny (Barcelona) o la Sierra de Guadarrama (Madrid).