16 de abril de 2018
16.04.2018

Mercados

La expansión de las nuevas fruterías abiertas en Cartagena suponen un riesgo para la continuidad de la lonja y de los comercios de toda la vida

La apertura de nuevos establecimientos que abren al público durante más horas pone en jaque a los empresarios que tradicionalmente se han dedicado a la venta de productos frescos de la huerta

16.04.2018 | 04:00
En la lonja de Cartagena solo resisten una decena de mayoristas, que ocupan un 30% de la instalación del polígono Cabezo Beaza.

Reclaman más control de las autoridades para frenar esta competencia que consideran «desleal»

La lonja de frutas de Cartagena agoniza por la caída en picado de las ventas, las cuales van disminuyendo considerablemente año tras año. Así lo ponen de manifiesto los vendedores al por mayor de este espacio ubicado en el polígono industrial Cabezo Beaza, donde operan alrededor de una decena de empresas.

Pepi Montero, presidenta de la comunidad de propietarios de la lonja y responsable de Frutas Javi, achaca la bajada de las ventas al cambio de hábitos alimenticios, «ya que ahora la gente lo compra todo envasado, hasta las ensaladas», y a la «competencia desleal» que denuncia que sufren por parte de algunos vendedores ambulantes, que comercializan en los mercadillos productos ´luneros´, es decir, productos que son robados por la noche a la luz de la luna.

En mayor medida, achaca el declive de la lonja al último boom de nuevas fruterías que han abierto prácticamente en todos los barrios de la ciudad. «Estos negocios no nos compran a no-sotros casi nada de género, así que no sabemos de dónde lo sacan», apunta la distribuidora.

Respecto a las frutas que se recolectan fraudulentamente de noche para venderlas al día siguiente en la calle, los mayoristas reclaman que la Policía Local vigile estos puestos de mercadillo, al igual que hace con los productos de moda falsificados que se ponen a la venta.

Desde la lonja cartagenera se distribuye a las fruterías de toda la vida los productos con los que los cartageneros llenan el carrito de la compra, así como el género fresco que se emplea en las cocinas de los bares y restaurantes de la ciudad. Moreno explica que la venta de los comercios tradicionales, que son sus principales clientes, ha caído debido a estos nuevos competidores.

Además, añade que para las empresas de la lonja es «inviable» vender sus productos a grandes superficies. En este sentido, apunta que lo que hace imposible hacer negocio con las cadenas son las condiciones de pago. En algunos casos, llegan incluso a proponer abonar el género a cuatro meses vista. «No somos un banco, no tenemos tanto dinero como para soportar este tiempo sin cobrar la mercancía», indica.

La situación que denuncian los mayoristas es ratificada por uno de los fruteros con más solera de la ciudad. Este comerciante, que prefiere no decir su nombre «para evitar represalias de la nueva competencia desleal», asegura, tras 50 años abriendo la persiana de su negocio, que «el pequeño comercio de toda la vida va camino de la muerte».

«Hacen vida dentro del comercio»

El empresario anónimo echa la culpa de los problemas de su sector a estas nuevas tiendas de frutas de las que se quejan los mayoristas y que tienen un horario de apertura mucho más amplio. «Ofrecen prácticamente el mismo precio que nosotros, pero están más tiempo abiertos al público, prácticamente abren las 24 horas. Los dependientes que tienen, que suelen ser extranjeros, hacen su vida dentro del comercio, con los problemas de salubridad que ello conlleva, y el género se pasa todo el día al sol. Por lo que las condiciones de higiene no son las deseables. Y, encima, lo exponen a pie de calle, sin pagar ninguna tasa por utilizar la vía pública, como sí tienen que abonar los bares que tienen terraza», sostiene el empresario cartagenero.

Es por eso, que el frutero reclama que haya mayor control de las autoridades sobre estos establecimientos, con el fin de proteger su negocio y el de otros compañeros. «Los fruteros de toda la vida estamos aguantando porque nos queda poco para jubilarnos, porque con el margen que tenemos y la caída de las ventas que estamos teniendo no podemos mantenernos», resume. También expone que no entiende cómo las nuevas fruterías son capaces de generar beneficios, ya que desvela que pagan alquileres altísimos en los locales dónde están ubicadas.

Por último, tanto minoristas como mayoristas también ponen el cerco sobre las naves que han abierto al público en algunas carreteras de la periferia de Cartagena durante los últimos años para vender al por menor frutas y hortalizas. «No sabemos si están cumpliendo con la normativa ni de dónde sacan el género, en la lonja desde luego no lo están adquiriendo», aseveran estos colectivos.

Mayor vigilancia

En conclusión, los mayoristas de la lonja, que dan trabajo a unos 50 empleados, y los fruteros de toda la vida, reclaman a las administraciones competentes que actúen para equilibrar la balanza y que todas las fruterías compitan en igualdad de condiciones, con el fin de salvaguardar el futuro del sector y los intereses de los consumidores.

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