Mi selfie con...

'Azúcar', conserje de El Preduchillo

08.08.2016 | 04:00
'Azúcar', conserje de El Preduchillo

Todos le llaman ´azúcar´, apodo que le viene de su bisabuelo o más lejos todavía, pero su nombre es Paco Martínez Conesa, aunque bien podría darse por bueno lo de ´azúcar´ dada su humildad, bondad y cariño para con sus vecinos y veraneantes.

Nació en la finca de San Ginés de la Jara en el año 1959, siendo sus primeras visiones paisajísticas, las palmeras y el Mar Menor, frente al que ha pasado toda su vida. Fue al colegio de El Llano del Beal, al del Estrecho de San Ginés, donde terminó la educación básica.
Cuando su padre necesita ayuda comienza a trabajar a la corta edad de 14 años como jardinero, acompañándole por los jardines y comunidades de La Manga, mezclando tijeras de podar con escoba y recogedor. A los 18 años entra a trabajar en Agroman, en donde cambia la escoba por un pico y martillo, colocando raíles de tren a brazo ´partío´. Allí estuvo cinco años hasta que decide, junto a otros compañeros, crear una cooperativa para la construcción, ´Cooperativa Virgen del Carmen´. Entre los numerosos encargos que recibe, cogen la obra de El Pedruchillo, más de trescientas viviendas a orillas del Mar Menor, siendo él el encargado de toda la obra durante varios años. Cuando terminan la totalidad del complejo turístico, le ofrecen quedarse como conserje, ya que su conocimiento de todas las ´tripas´ de la urbanización les es muy necesario a los nuevos propietarios.

Así que, desde 1983, que empieza su construcción, hasta la fecha de hoy, pero contratado por los propietarios, sigue cuidando y mimando lo que él considera su obra magna. El vive para El Pedruchillo, es su gran pasión. Los vecinos lo quieren por lo servicial que es, unos le llaman porque no les funciona el butano, el termo, los plomos de la luz, el grifo que no sale agua o simplemente les ayuda con las bolsas de la compra, que pesan una barbaridad, al tiempo que realiza su trabajo para la comunidad.

Azúcar es así, voluntarioso, bondadoso, sencillo. Su capacidad de servicio para con los vecinos es inagotable, y siempre con una sonrisa en la boca. No se le conoce un mal gesto jamás. Me dice que últimamente está apagado, sin ilusión, con tristeza. Le han sancionado con suspensión de empleo y sueldo, sin cobrar cuatro meses, por cuestiones sacadas de contexto.

Los vecinos le llaman, le invitan a un refresco, los veranos son muy calurosos y entra a la cafetería a comprar agua, coca-cola, tónica, cerveza o un Red-Bull, ya que trabaja a pleno sol y suda mucho, al final su entrada en el bar se confunde con dejadez del servicio, bajo la presunta presión patronal de quien ejerce el control férreo y propio de otros tiempos gloriosos, lo que le han llevado a ser sancionado. ¡Pero sin son los propios vecinos los que me llaman!..., eso no le debe gustar a alguien de esta urbanización. ¡No es justo!, me cuenta con tristeza en sus ojos. «Yo era muy feliz sirviendo a mis vecinos y ahora por qué a alguien no le gusto y puede que quiera echarme de mi trabajo, me están haciendo la vida agobiante», dice. Pero cuando le pregunto por el resto de vecinos se le ilumina la cara, ¡la gran mayoría sí me quieren!...

Y es que para un hombre tan sensible como ´azúcar´ es muy importante sentirse querido, como a cualquier trabajador, que su jefe lo respete y lo valore... Pues que sí, que gusta y mucho. Tranquilo ´azúcar´, le digo para levantarle el ánimo. Eso pasa en muchos sitios, a veces hay gente que puede canalizar en el ordeno y mando sus propias frustraciones, de manera inconsciente y sin mala voluntad, y ésta podría ser una de ella, o no...

Sigamos: Cocina como Dios toda la carne, que lo vuelve loco, como el arroz y conejo que le hace su esposa, Isabel Rojo. Su pasión son sus dos hijos, María Isabel y Francisco; y sus nietos, Mabel y Hugo, pero después todos sus sentidos se van en el cuidado de los animales. Tiene ochenta pájaros, cuatro perros, siete palomas, un pollo americano, una tortuga y un pony. Le apasionan las motos custom, en la que va al trabajo todos los días.

Anda cuéntame una anécdota, le digo. «Mira en los años ochenta al Ayuntamiento le dio por poner guardias metálicos que parecían de verdad, por los cruces de Los Urrutias y Los Nietos, y yo vi uno a lo lejos y pensé que era de los de mentira, hice un giro indebido y mira por dónde, ese era de verdad... Me multó», explica.

Bueno pues si no tienes nada más que contar vamos al selfie... Espera, me dice, yo no quiero seguir trabajando con miedo, creo que me quieren echar a la calle acumulando sanciones y todo porque a alguien no le gusto después de estar aquí toda la vida... ¿Puedes decirlo?..., pues dicho queda, ´azúcar´.

Y ahora el selfie para el periódico LA OPINIÓN... Ahí va... Un hombre dulce y otro avinagrado... ¿Adivinan quién es quién?... Fácil se lo he puesto, ¿eh? Mis ´querid@s´ lectores.

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