Opinión

MI SELFIE CON... el abogado Ginés Riquelme Palazón

23.05.2016 | 08:56
MI SELFIE CON... el abogado Ginés Riquelme Palazón

Se ha ganado a base de tesón el calificativo de la bestia negra de los bancos, cajas de ahorros y financieras en general.

Allá donde haya un abuso sobre los consumidores de hipotecas, cuentas de ahorro o cualquier otro servicio financiero, ahí está el látigo de la Lex del abogado Ginés Riquelme.

Nació en Abanilla hace 37 años. Desde que estudiaba en el colegio público de la villa ya quería ser abogado, profesión que se le metió hasta el alma en el Instituto de Santomera donde cursó el Bachiller, al que se desplazaba diariamente desde su domicilio en Abanilla.

Comenzó con una enorme ilusión la carrera en la Facultad de Derecho de Murcia, pero cuando cursaba tercero tuvo que abandonarla para ayudar a la economía familiar de sus padres, cambiando su vida de estudiante por la de fontanero con su padre Ginés. También por ser camarero los fines de semana y lo que salía entre arreglar goteras y servir cervezas, que la cosa estaba muy mal y hacía falta. Como él dice: «Mi familia me necesitaba y eso era lo primero».

Cuando la cosa se estabilizó, volvió a la Universidad continuando con sus estudios para ser abogado, que era lo que deseaba con pasión. Así que, entre estudios y trabajo de fontanero, intentó terminar la difícil carrera. Fue entonces cuando conoció a la que hoy es su esposa, una preciosísima mujer llamada Mariví, también abogada, aportándole esa energía vital que ya le faltaba para superar tan duro camino de ser abogado al tiempo que no soltaba el soplete y las tuberías.

Hizo sus prácticas con un importante bufete de abogados y hace unos años, como buen emprendedor, se independizó montando su propio despacho jurídico en la calle Platería número 7 de Murcia.

Comenzó con los accidentados de tráfico, divorcios y cuestiones civiles, en los que pronto destacó por su visión y enfoque de los casos que defendía. Cuanto más difíciles y complejos eran esos casos, más motivación; hasta que el azar le puso en las manos una importante reclamación frente a un banco con el tema de las cláusulas suelo de las hipotecas?, que por supuesto ganó.

Desde entonces y en colaboración con una empresa nacional, Denuncias Colectivas, S.L., se ha convertido en el azote del mundillo financiero en donde se le teme tanto como no se le quiere. Su fama de duro abogado ya le precede, que «últimamente no paran de llegarme asuntos de reclamaciones sanitarias?, así que me lo voy a tener que tomar muy en serio. Que se prepare el Servicio Murciano de Salud», me dice.

Todo lo compatibiliza con el turno de oficio «por vocación y entrega a los demás», que no por dinero, porque aunque es muy sacrificado le brinda la oportunidad de poder hacer algo por las personas que en un momento de su vida equivocan el camino y traspasan la Ley.

Se involucra tanto que traspasa la delgada línea de lo profesional con lo personal, lo que le afecta en sus nobles sentimientos. Ginés es una persona muy sensible y sencilla, fácilmente impresionable, como le ocurrió con uno de sus casos del turno de oficio que asistió a un detenido por robo con fuerza y reincidente, que lo hacía para darle de comer a su familia; todo un drama familiar que le llenó de tristeza. Lo que ganó por un lado se lo dio a la familia por otro.

Bien, Ginés, pero? ¿y de la casa qué?

Me cuenta que con lo padrazo que es le resulta muy complicado trabajar, seguir estudiando y cuidar de su hijo como él quiere, pero que tiene una maravillosa madre política, a la que quiere como a una verdadera madre. «¡Qué sería de nosotros sin ella!», me exclama.

¿Y de comida?..., le apasionan las lentejas con chorizo, tocino y cebolla que le hace su madre Carmen y ¡cómo no!, los michirones que hace su esposa?, pero sin naranja.

Él es un negao para la cocina así que paso página. Su colonia preferida es Lacoste Black y en casa se pone el delantal y la cofia, limpia, lava, plancha y friega lo que hace falta.

De Abanilla, su tierra, es un enamorado, contándome que pertenece a los Caballeros y Damas de Calatrava, participando en sus fiestas de moros y cristianos de la Santa Cruz cada año que se celebran en la localidad.

Por cierto, me cuenta, que en Abanilla por semana santa, viernes santo en concreto por lo de no comer carne, se suele cocinar un guiso que llaman 'el trigo pelao', que consiste en desgranar el trigo y guisarlo con alubias y acelgas. ¡Joder Ginés!... menudos efectos secundarios debe tener?, me refiero a las flatulencias, vamos que voy, me como un buen plato y me echan del pueblo.

Y ahora el selfie? ¡ahí vamos!..., con el Palacio de Justicia detrás, como debe ser. ¿Qué??, no, los efectos secundarios del 'trigo pelao' no salen en el selfie.

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