Agua de mi aljibe

Novo Carta... Ginés

15.03.2016 | 04:00
Novo Carta... Ginés

En casa del pobre dura poco la alegría y en el convento de San Ginés de la Jara ya es insoportable esta pertinaz incuria. Como bien recuerda Manuel García (Manolo el de San Ginés), desde hace 50 años nos están vendiendo el inminente arreglo del monasterio, pero lo cierto es que cada vez es más incomprensible que estemos desaprovechando las posibilidades culturales, históricas, arqueológicas, paisajísticas y turísticas de toda esta zona que comprende, además, el monte Miral, sus ermitas, la Cueva Victoria y todo el entorno del Mar Menor, esa laguna que podría ser un paraíso lleno de vida y hoy agoniza. Hace unos días el personal empezó a felicitarnos a los miembros de la Asociación de Amigos del Monasterio (ASGJ) porque la prensa anunciaba que el valiente alcalde de Cartagena, tras el fallo del TSJ, le daba un plazo de un mes a Hansa Urbana, dueña del monumento declarado Bien de Interés Cultural, para que iniciase las obras, y esta vez ya en serio, de restauración de estos santos lugares. Si la empresa no procedía a ello, el Ayuntamiento avisaba que echaría mano a los avales depositados por la constructora y procedería a una restauración de oficio.

Enseguida las campanas al vuelo, pero a uno ya, a estas alturas, le cuesta creer más que a Santo Tomás y claro, la esperanza nunca se pierde, pero la prudencia es la mejor medicina para prevenir futuras decepciones. La noticia es fantástica, sí, y encima se anuncia que la arqueóloga Carmen Berrocal se hará cargo del control municipal de las obras. Nadie mejor que ella, que conoce perfectamente el monasterio y que ha realizado unas catas que sacaron a la luz que todo está aún por descubrir y que, en los próximos años, este lugar nos va a dar muchas alegrías. Pero lo que parecía el inicio de un tiempo nuevo se vuelve a empañar con lo anunciado pocos días después: La empresa restaurará el monasterio, sí, pero piano, piano y mientras se vaya construyendo esa losa de 10.000 viviendas que va a terminar de hundir en el desastre a la laguna salada.

Es cierto que la ASGJ o ADEPA comparten el interés por la excavación integral, la restauración completa y la puesta en valor de esta joya del Mediterráneo que es el convento y las ermitas, pero comparten con colectivos como ANSE la preocupación por el entorno y el paisaje que rodea estos valiosos lugares. Es cierto que no se puede prevaricar ni evitar o prohibir los procesos legales de petición de cualquier licencia de obras, por disparatada que, en principio, nos parezca. Pero lo que no deben dejar de hacer nuestros políticos, estén en la oposición o en el gobierno, es defender el interés común, el territorio, el medio ambiente y el patrimonio. En ello nos jugamos no ya el homenaje a nuestro pasado, sino un futuro habitable, próspero y atractivo a cuantos nos visiten.

¿No hemos aprendido nada de estos años de macroproyectos que se nos han vendido como el cuento de la lechera? Destruir el paraíso con el pretexto de aumentar la riqueza no es sino pan para hoy y hambre para mañana, enriquecimiento de unos pocos que se irán y nos dejarán todo empantanado, una situación insostenible que, durante generaciones, habremos de pagar los contribuyentes. Salvemos el Mar Menor, que ya no aguanta más, como bien lo sabemos todos. Ahora hace falta unión de la ciudadanía, unas administraciones al servicio de los ciudadanos y unos políticos valientes que mantengan sus convicciones y sus promesas. No los vamos a dejar solos en esa tarea.

Una experiencia religiosa

Subir al Monte Miral es toda una experiencia religiosa, sea uno creyente o no, un camino a lo más hermoso y elevado de nosotros mismos, un encuentro en la tercera fase que aúna la belleza, lo que fuimos y lo que queremos ser. Ahí está nuestra historia y nuestro futuro y hay que estar muy ciego para mirar a otro lado. Desde arriba se contemplan unas extraordinarias vistas del Campo de Cartagena, del Monasterio, el Cabezo Gordo, la Sierra Minera, Cabo de Palos, el Mediterráneo y todo el Mar Menor. No es de extrañar que durante siglos, o miles de años, el hombre se haya establecido en este enclave lleno de magia como nos recuerda Pepe Sánchez Conesa, cronista de Cartagena. Cuando en estas rutas guiadas, les hablamos quienes allí vivimos o nacimos o arqueólogos como Pedro Huertas o Javier García del Toro, los caminantes se muestran desolados ante la posibilidad de sepultar con hormigón la maravilla. Estamos a tiempo.

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