Mirando hacia arriba

Patrimonio y accesibilidad

14.11.2015 | 01:58
Un inmueble histórico del centro.

Sí, el problema es la comunicación. No todos saben que tenemos derecho al acceso a la cultura y a que los poderes públicos realicen los trabajos necesarios para promover y tutelar ese derecho fundamental. Si se hace una lectura simplista de este derecho, puede hacernos creer que la Administración pública tiene la obligación de regalarnos las entradas del cine o del teatro, que no estaría mal, pero el artículo cuarenta y uno de la Constitución es mucho más amplio, habla, por ejemplo, de la libertad que tienen los creadores de producir su arte, habla del derecho de los pueblos a ejercer y conservar su propia cultura y tradiciones. Pero tenemos que tener claro que la cultura no es un producto o una creación de los políticos, sino que es un efecto natural derivado del desarrollo de una colectividad, claro está que en su más amplio sentido.

La Administración, por tanto, está obligada a la promoción de la cultura, pero como una vía para facilitar el acceso. A lo largo de la historia la ciudadanía de Cartagena ha influido en su entorno diferenciándolo de otros medios urbanos, esta disimilitud es visible en nuestras calles, que lucen trufadas de gran número de muestras del fruto del devenir cultural de la sociedad cartagenera, muchas veces poco evidentes al ojo del ciudadano corriente, aunque evidentemente forman, de una manera inherente, parte de nuestra experiencia vital como ciudadanos.

Habitualmente se piensa que son los grandes monumentos, las grandes obras de rehabilitación de edificios singulares y lo que se da en llamar hoy en día como 'puesta en valor' de bienes patrimoniales, los que proporcionan la personalidad a un entorno urbano, aunque esto es cierto, es cierto sólo en parte, los pequeños detalles decorativos como; puertas, rejerías, balaustradas, cornisas, cierres, balconadas, yeserías, entre otros, son elementos, que aunque por separado pueden ser considerados como culturalmente irrelevantes, en conjunto son, en un elevado porcentaje, responsables de la singularidad que caracteriza nuestro contexto cultural.

Uno de los elementos que confieren la mencionada singularidad de Cartagena son sus balcones cerrados, que marcan un personal ritmo de volúmenes y vanos en las fachadas de los edificios de nuestro casco histórico, resultado, sin normativa que lo hubiese dirigido, de una evolución natural propia de la expresión patrimonial de nuestro pueblo. El conjunto de estos 'cierres' deben ser protegidos y restaurados, ya que la pérdida de uno sólo provoca la pérdida del valor cultural de todo el entorno.

Como se dijo antes, facilitar el acceso a la cultura no es solo apoyar a artistas plásticos, grupos de teatro, asociaciones musicales entre otros muchos agentes culturales, facilitar el acceso a la cultura es catalogar, restaurar, conservar y difundir un patrimonio que permanece en segundo plano, pero que es tan determinante para definirnos como ciudad como lo podrían ser el Palacio Consistorial o el Gran Hotel.

Empezamos aquí la tarea de difundir nuestro patrimonio cultural menos conocido, mediante la creación de una ruta de los cerramientos históricos de Cartagena, en la que nos sorprenderán los diversos diseños, estilos y soluciones técnicas por las que se optaron para algo tan simple como acristalar un balcón. Además, se trata de los bienes patrimoniales más accesibles, pues no hace falta pagar entrada, invadir la intimidad de nadie, jugarse el pellejo campo a través, organizar expediciones a lejanos lugares o esperar a que se publique en cualquier medio de comunicación, para poder disfrutar de su belleza, sólo es necesario, algo tan urbanita como pasear y apartar, de vez en cuando, la vista de los escaparates de los comercios y elevar la mirada, eso sí, sin forzar el cuello por si acaso no estamos para esos esfuerzos.

Esto sí que es cultura accesible. Pero para hacer más accesible este patrimonio debemos acercarlo a nuestros conciudadanos, no me refiero bajarlos a la calle, sino difundirlo y valorarlo adecuadamente, ya que conocer la existencia de algo es el primer paso para poder valorarlo, lo que provocará con posterioridad su adecuada conservación.

Regresamos, por tanto, al comienzo del artículo: «Sí, el problema es la comunicación». Para comenzar nuestra ruta aconsejo al lector que pasee por la calle Honda 21, en ésta se encuentran, aunque en lamentable estado, cuatro cerramientos neogóticos, de fábrica de madera, pertenecientes a un mismo edificio. ¿A que no se habían fijado? Según el inventario de bienes patrimoniales de Cartagena, goza de un grado tres de protección, esto significa que la fachada se encuentra protegida. Aclarar que esto no asegura su mantenimiento, ya que sería el propietario de la finca el encargado de su cuidado y no habría manera de forzarlo a realizar los trabajos necesarios para su restauración antes que la degradación material sea irreversible.

Por tanto es indispensable que la Administración pública actúe de oficio y amparándose en la subsidiariedad lleve a cabo, de manera urgente, los tratamientos de conservación y restauración que aseguren el mantenimiento.

No entraré en porfías, pero me gustaría saber si es más acuciante, desde el punto de vista de la cultura de Cartagena, destinar los esfuerzos de la Administración a evitar la pérdida irreversible de nuestro patrimonio o apoyar la producción artística de nuevo cuño. Yo lo tengo claro.

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