JESÚS VIARTOLA
Apenas ha estado un mes cerrada y ya se le ha asignado un nuevo uso. La cárcel de San Antón, que echó el cerrojo como tal hace justo un mes, se convertirá en un centro de inserción social (CIS) para los reclusos que ya están en disposición de vivir en régimen de semilibertad. Así lo ha decidido el ministerio de Interior en una orden dictada el 6 de julio pasado y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de ayer.
La conversión de la antigua prisión en un centro de inserción social –en lo que ya se había convertido de hecho al acoger en los últimos ocho años a presos en régimen de tercer grado– era el destino más probable de este edificio, que se construyó en 1936, en plena Guerra Civil. El director del centro penitenciario de Sangonera, Francisco Martín, señaló en aquel momento que la vieja cárcel de Cartagena podría acoger una escuela taller y una sucursal administrativa dependiente del Centro de Inserción Social Guillermo Miranda, de Murcia.
Así, según la orden del ministerio de Interior, «se crea en el término municipal de Cartagena un Centro de Inserción Social, con la denominación de Centro de Inserción Social de Cartagena, cuya organización, administración y funcionamiento se regirán por lo dispuesto en la legislación vigente». En su artículo 2, la orden establece que este centro «dependerá orgánica y funcionalmente del Centro de Inserción Social Guillermo Miranda de Murcia, lo que conllevará la correspondiente reordenación de recursos humanos.
A partir de ahora será la secretaría general de Instituciones Penitenciarias la que concrete los distintos aspectos del destino y régimen penitenciario que corresponda al nuevo centro.
La propia orden ministerial reconoce el papel que en los últimos ocho años ha desempeñado el centro penitenciario de Cartagena como centro de inserción social sin serlo oficialmente. «No obstante, pese a que no ha sido expresamente creado como Centro de Inserción Social mediante la correspondiente orden ministerial, ha venido desempeñando una labor encomiable, llevando a cabo la reinserción social y la preparación para la vida en libertad de todos los internos en él destinados, objetivo final de la ejecución de las penas privativas de libertad en nuestro sistema penitenciario», señala la orden citada.
En el momento de su cierre provisional hace un mes, la cárcel de Cartagena acogía sólo a cuatro presos en régimen de tercer grado, que tuvieron que ser trasladados al CIS de Murcia. La idea de Interior es que los presos procedentes de la comarca de Cartagena puedan terminar de cumplir su condena con mayor comodidad mientras se adaptan de nuevo a la vida en sociedad.
El cierre de la cárcel de San Antón había provocado cierta inquietud entre los vecinos del barrio de San Antón, quienes temían que el centro quedase abandonado y que se convirtiese en un nido de ratas y ocupado por ´sin techo´. También había quien reclamaba que se diese a la antigua prisión un uso social, que se convirtiese en un parque o incluso en un pabellón deportivo, aunque finalmente Interior ha reaccionado con rapidez y ha vuelto a dar vida a la institución penitenciaria.