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HEMEROTECA » |
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MARÍA JESÚS GALINDO Mientras las calles del centro de Cartagena eran un bullicio de gente, en la puerta principal de la Universidad Politécnica, el Cristo de Medinaceli arropado por su agrupación de Los Estudiantes se preparaba para salir en procesión. El hermano mayor marrajo, José Miguel Méndez, acudió a verlo al campus de la Muralla del Mar antes de partir hacia la Lonja de la Pescadería, donde los portapasos del Jesús Nazareno esperaban el momento de su salida.
Cientos de personas presenciaron cómo se encendían las luces del trono del Medinaceli que iba cuajado de flores blancas que contrastaban con otras de color malva.
Pasaban las dos y media de la mañana y la iglesia de Santa María estaba ya dispuesta para el desfile la primera procesión de La Madrugada, la de la Verónica.
Desde la puerta del bar Sol, la plaza del Rey, la calle Príncipe de Asturias y desde miles de hogares y hoteles, cientos de personas encaminaron sus pasos hacia el barrio de los pescadores para tomarse las correspondientes lagenas y reparos antes de iniciar su peregrinación por Cartagena y llegar al Encuentro de La Pequeñica con el Nazareno, en la plaza de El Lago.
La imagen de José Capuz adornada de rosas rojas salió puntual y al grito de ¡Viva el Jesús!, que le dirigían sus portapasos seguidos por cientos de cofrades, inició su marcha por las calles de Santa Lucía. Allí como es tradicional le cantaron varias saetas al titular de la cofradía morada que iba seguido por decenas de promesas, algunas de ellas descalzas en una noche única después de que la lluvia haya dado una tregua este año a los cofrades marrajos.
"Hay más gente que nunca este año, claro con el buen tiempo la gente se ha animado a salir a la calle", comentaba una joven tras la reja de la pescadería, cuya puerta se cerró enseguida, lo que obligó a decenas de personas a dar la vuelta para salir por la más pequeña.
Ya desde la Pescadería se podía observar cómo el trono del Medinaceli iniciaba su marcha bajando por la cuesta de la Muralla hacia la plaza de Bastarreche y en la Cuesta del Batel cientos de personas se apresuraban para llegar a tiempo de verlo pasar. Desde allí muchos iniciaron la carrera hacia la calle Arco de la Caridad para ver a los portapasos de la Virgen Dolorosa atribuida a Francisco Salzillo y conocida por los cofrades cartageneros, como La Pequeñica.
En el camino hacia la Caridad, el público pudo contemplar el trono de La Condena de Jesús y el tercio y el trono de La Primera Caída. Al llegar al punto estratégico era imposible avanzar un paso más, la gente estaba ansiosa por ver a la Virgen y no permitieron que los cofrades marrajos que salían en la procesión delante de la Dolorosa, se quedaran rezagados para ver cómo los portapasos con un pie en la acera y otro en el bordillo llevaba a La Pequeñica de un tirón. "Vosotros salís en la procesión, pero nosotros la estamos viendo", gritaron varias personas del público.
"Es impresionante, nunca antes lo había visto. Hasta ahora sólo había seguido la recogida de la procesión", confesó Cristina, quien junto a Andrés veía a la Virgen pasar por esta estrecha calle por primera vez. Fue entonces cuando se produjo ese instante mágico en el que La Pequeñica y el Jesús se encontraron en El Lago, ante miles de personas quienes, nada más concluir el himno a España, entonaron la primera salve del Viernes Santo.
El Nazareno siguió su marcha y el San Juan pasó junto a la Virgen, circunstancia que los portapasos de ambos tronos aprovecharon para darse la mano. Si en la explanada del barrio universitario no cabía un alfiler y lo mismo ocurrió en la calle del Aire cuando la Virgen llegó a la iglesia de Santa María, donde cientos de fieles le cantaron de nuevo la salve y estallaron en aplausos.
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