A. T.
Los quioscos del muelle Alfonso XII de Cartagena parecen estar malditos. Al menos no están teniendo el éxito que cabía esperar de un establecimiento ubicado en pleno paseo marítimo, más bien al contrario. No hay manera de que estos cuatro pabellones permanezcan abiertos de forma simultánea ni en las manos de un mismo hostelero durante mucho tiempo.
Ayer, pese al intenso sol que lucía en la ciudad portuaria, los cuatro quioscos estaban cerrados. Dos de ellos, los más pegados a la sede de la Cámara de Comercio, tienen la persiana echada desde hace varias semanas por cuestiones de temporada. "Estos negocios dependen mucho de las terrazas y con el frío que ha hecho, es lógico que cierren en esta época", comentó un portavoz de la Autoridad Portuaria.
Sin embargo, la situación de los otros dos, los más cercanos al edificio comercial, es mucho más complicada y se ha enrevesado hasta tal punto de que ha llegado a los tribunales.
El concesionario de estos dos quioscos es la sociedad Servicios Hosteleros de Cartagena, del empresario Juan Rosendo Gómez, que los arrendó a otro hostelero. Gómez explicó a esta redacción que los dos pabellones están cerrados desde el mes de octubre y que este inquilino no le paga el alquiler desde hace un año. De hecho, ha reclamado el desahucio en el juzgado y está previsto que la vista se celebre este mes de febrero.
Juan Rosendo Gómez confía en recuperar la deuda y, sobre todo, en poder disponer de las llaves de los establecimientos. "Tenemos varias ofertas para explotarlos, pero no podemos tal y como esta la situación", subrayó.
Lo cierto es que los cuatro pabellones comerciales del muelle han pasado desde que se terminaron en el año 2003 por las manos de al menos diez hosteleros y, hasta el momento, parece que ninguno ha tenido éxito.
De hecho, la Autoridad Portuaria, que es la que otorga las concesiones de estos quioscos ha rebajado en varias ocasiones el canon para tratar de revitalizarlos, ya que sostiene que no tiene afán recaudatorio, sino que lo que le interesa es que haya movimiento de ciudadanos en el muelle.
A la situación de los quioscos, se une la de la primera planta del edificio comercial del muelle, donde se quería montar un restaurante de lujo, pero cuyo interior sigue sin equipar desde que se terminó de construir en 2003.