Ocho de la mañana, los cerca de los 600 alumnos del instituto Los Molinos entran a clase prácticamente a oscuras. El director, Francisco Granados, se dispone a impartir Matemáticas, pero le resulta imposible. "Ni yo mismo veía lo que escribía en la pizarra", subrayó. Granados entiende las quejas de los alumnos y confía en que la consejería les dé una solución para que la temperatura en el centro permita a estudiantes y profesores trabajar en condiciones. "Quieren repartir ordenadores a los alumnos, cuando ni siquiera tienen calefacción", señaló una madre indignada.