J. V. / M. J. G.
Los efectos de la redada llevada a cabo por efectivos de la Comisaría de Cartagena la tarde del jueves apenas han durado 24 horas. La detención de diez personas, seis de ellas mujeres, no ha amedrentado a todas las que ejercen la prostitución en el área comprendida entre la calle Beatas, San Fernando y San Vicente, que ayer seguían ofreciendo sus servicios, como pudo comprobar esta redacción y como denunciaron los comerciantes del lugar.
El ambiente de una de las zonas más marginales de la ciudad en la que se concentra parte de la población inmigrante difería del de otros días en que en la calle San Fernando no había mujeres prostituyéndose, pero sí en la calle Beatas. Esta actividad y el deterioro que supone para el casco antiguo ha provocado numerosas denuncias de los vecinos, muchas de las cuales han desembocado en redadas como la del jueves que, a juzgar por los resultados, están lejos de atajar el problema.
De hecho, varios comerciantes tradicionales de la zona, que han preferido mantenerse en el anonimato por su seguridad, expresaron ayer a esta redacción su malestar por el hecho de que la operación se desarrollase precisamente un día antes de la celebración de Los Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía. Por esta razón, consideran que la del jueves fue una actuación meramente cosmética, de imagen.
Aunque ni la Comisaría de Cartagena ni la delegación del Gobierno han hecho pública información oficial alguna sobre la redada del jueves, esta redacción pudo saber que se detuvo a once personas, ocho de las cuales permanecieron detenidas hasta pasar a disposición judicial, mientras que el resto fueron puestas en libertad tras prestar declaración.
A los detenidos, todos inmigrantes, se les acusa de estancia irregular en el país, aunque se está investigando si existen delitos relacionados con el proxenetismo.
El ejercicio de la prostitución no es ilegal, por lo que la única medida que se está adoptando para evitar la degradación social que conlleva es la presión policial mediante la identificación de inmigrantes irregulares. Además, muchas mujeres toman contacto con los clientes desde las ventanas de las casas para evitar las 'molestias' policiales.