REDACCIÓN
Mantener las zonas más contaminadas de los saladares del Mar Menor inundadas y plantar en ellas determinadas especies vegetales para reducir la contaminación de los suelos por los metales pesados que llegan a la laguna a través de las ramblas de la Sierra Minera. Esta recomendación se encuentra recogida entre las conclusiones de la tesis defendida en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) por Antonio María Cervantes. El trabajo se titula: Aproximación a los riesgos derivados de la presencia de residuos mineros en saladares del entorno del Mar Menor: dinámica de metales pesados y arsénico y su acumulación en plantas y moluscos.
Según el estudio, en los saladares situados en la Marina de El Carmolí y Lo Poyo, así como en su entorno, "existen riesgos de toxicidad y de transferencia de metales pesados y arsénico a la cadena trófica. Éstos son consecuencia de la presencia de elevadas concentraciones de elementos tóxicos que llegan a través de los residuos mineros, arrastrados por las ramblas que desembocan en estos parajes naturales".
Las conclusiones del trabajo indicaron que en esa zona "se sobrepasan los contenidos permitidos por diversas legislaciones nacionales y europeas en arsénico, cadmio, plomo y zinc". Respecto a la vegetación de la zona, "absorbe los metales pesados y éstos permanecen en las raíces".
Sobre los sedimentos de la zona analizada del Mar Menor, la contaminación "es escasa excepto en la zona más cercana a Lo Poyo, afectada por la desembocadura de la rambla del Beal". Los sedimentos marinos adyacentes al saladar de Lo Poyo, según la tesis, "tienen concentraciones superiores a los permitidos en arsénico, plomo y zinc".