CARLOS ILLÁN
Santiago salió de la parroquia levantada donde, según la tradición, inició en el año 36 la evangelización de Iberia. Sobre los hombros de unos pocos del millar de fieles que le acompañaron, recorrió algunas calles de su pueblo hasta alcanzar el puerto de pescadores. Sin embargo, por vez primera, que se recuerde, esta vez salió a navegar solo, sin toda su gente en el barco.
Los vecinos que le acompañaban en el paseo más cálido no ocultaron su malestar. Querían estar con el santo sobre las aguas. Los organizadores pedían disculpas a la vez que repetían que era "un peligro" el acceso al remolcador, pues se encontraba atracado de popa y era imposible ponerlo de costado junto al muelle, como es habitual, por falta de espacio al encontrarse un atunero en el espigón.
"Cursamos los escritos, como todos los años, a la Autoridad Portuaria y al patrón mayor de los pescadores, pero nos hemos encontrado, primero, con la puerta de la Pescadería cerrada y, tras solucionar ese problema, con el espigón ocupado", explicó el secretario de la asociación de vecinos de Santa Lucía, Diego Heredia.
Las tensiones no acabaron ahí. Al regreso a tierra, el tráfico por la plaza de la Isla se mezclaba con el paso de la procesión, por lo que uno de los presentes avisó a un coche patrulla del 092, que hizo caso omiso, aunque más tarde sí actuó regulando el tráfico un motorista del mismo cuerpo policial.