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Terapia de pareja y sexología
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Blog Terapia de pareja y sexología - Anna I. Gil Wittke

Anna I. Gil Wittke

Soy psicóloga con master en Psicología Clínica y de la Salud y desde que comencé a trabajar me he estado especializando en la terapia de pareja y la terapia sexual. En la actualidad realizo consulta en dos gabinetes de psicología en Murcia y en Torrevieja y en el Hospital USP San Jaime. También real...

Sobre este blog de Salud

Un espacio para tratar temas de pareja y sexualidad desde una perspectiva psicológica


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  • 03
    Diciembre
    2012

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    Problemas sexuales: ¿por qué se producen?

    En ocasiones, al igual que en cualquier otro aspecto de la vida y de las relaciones,
    en la sexualidad pueden encontrarse ciertas dificultades que impiden que la
    experiencia se viva de forma plena y positiva. La respuesta sexual de toda persona
    se caracteriza por las siguientes fases: deseo, excitación, orgasmo y resolución.
    Cuando se altera alguna de estas fases de forma repetida hablamos de disfunción
    sexual.

    ¿Cuándo aparecen?

    Las disfunciones sexuales pueden aparecer desde el comienzo de la experiencia
    sexual de un individuo, por ejemplo: vivir todas las relaciones sexuales eyaculando
    rápidamente y sin poder controlarlo (eyaculación precoz). Pero también puede
    darse el caso de que alguien goce de una sexualidad satisfactoria y, en un
    determinado momento de su vida, experimente alguna alteración en su propio
    funcionamiento, por ejemplo: una mujer que vivía el sexo con intensidad puede
    perder el deseo por éste (deseo sexual hipoactivo).

    ¿Cuáles son las causas?

    Los problemas en la conducta sexual pueden ser causados por dos factores: de
    índole psicológico o físico. Estos pueden darse juntos o de forma independiente.
    En caso de sufrir alteraciones a nivel físico es necesario que sea el profesional
    de la medicina el que intervenga. Cuando se trata de factores psicológicos es el
    psicólogo-sexólogo el que ofrecerá el tratamiento más acertado. Cuando se trata de
    factores combinados, se debe de contemplar un tratamiento que también integre
    los aspectos psicológicos y físicos.

    La mayor parte de las disfunciones sexuales tienen los mismos factores
    psicológicos en común. Por ello es común encontrar cómo una disfunción
    puede derivar en otra, ya que son respuestas físicas que responden a un mismo
    mecanismo. Por ejemplo, aquel que tiene eyaculación precoz puede sufrir de
    una disfunción en la erección (conocido también como impotencia), o la mujer
    que tiene dificultades para lograr la excitación, puede desembocar en vaginismo
    (imposibilidad de penetración).

    “La ansiedad por un buen rendimiento” o el “miedo al fracaso” son las más
    potentes causas psicológicas por las que se produce y mantiene una disfunción.
    Se trata de ansiedad. La ansiedad activa todo un mecanismo para proteger al
    organismo de un peligro. En este sentido la ansiedad es útil y necesaria. Por
    ejemplo, si un león me persigue, interpretaré que mi vida corre peligro. De este
    modo, mi cerebro activará una señal de alarma (la ansiedad) que pondrá todos mis
    recursos a la máxima potencia, el corazón bombeará más sangre (palpitaciones),
    la sangre se concentrará en los órganos vitales (por eso se experimenta un
    hormigueo en las extremidades), la respiración se acelerará y, como consecuencia

    de toda esta activación, correré más deprisa, con suerte subiré un árbol y quedaré
    a salvo. Todo esto ante un peligro real es sano y tiene una función: protegernos.
    Pero, cuando no existe peligro, provocamos un desgaste innecesario y además
    interpretamos de forma negativa y catastrófica nuestra reacción. Es decir, si tengo
    todos estos síntomas pero no hay un peligro real y externo, tengo la “sensación”
    interna de que algo malo me esta pasando y de que “me va a dar algo”. Digamos
    que esto es lo que sucede en un ataque de ansiedad o, en menor escala, en
    cualquier situación donde sentimos que nos ponemos muy nerviosos.

    Y es precisamente esta activación de la señal de alarma la que hace que nuestro
    cuerpo no se relaje y disfrute de la experiencia sexual. Cuando el sexo se convierte
    en un examen donde voy a “ver si lo hago bien” o “demostrar que puedo”, se
    convierte en una situación de “peligro” para la autoestima, la valoración personal.
    Por no hablar de cuando uno siente que si el sexo no funciona bien la relación se
    va a romper. Cuanta más responsabilidad se perciba en la relación sexual, más
    probabilidades de fracaso habrán y más fácilmente se producirá la activación de la
    ansiedad.

    Disponemos de dos sistemas opuestos que no pueden estar activos a la misma
    vez: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El sistema
    nervioso simpático es el que se activa con la ansiedad. Lo que sucede en la
    ansiedad es que toda la actividad se queda sin control racional, es decir, me dejo
    llevar por las emociones. Este sistema sigue la regla de “todo o nada”, es decir,
    si se activa, se activa por completo con una serie de síntomas a la vez. ¿Cómo
    salir de este estado? Activando el sistema opuesto, es decir, el sistema nervioso
    parasimpático que es el estado en el que podemos disfrutar de la relajación. Los
    tranquilizantes lo que hacen es acelerar el proceso de la activación del sistema
    nervioso parasimpático. Sólo con el fármaco se logra romper el proceso de forma
    puntual, pero no se aprende a controlar y a romper el círculo vicioso en el que nos
    vemos envueltos una y otra vez ante determinadas circunstancias.

    ¿Cómo se puede mejorar?

    Entendemos que es necesario estar en un estado de cierta relajación para poder
    sentir placer y disfrutar de la experiencia sexual. Por ello, ante los problemas
    sexuales hay que observar la forma en la que estamos viviendo la experiencia
    sexual. Si anticipamos que va a ser dolorosa, frustrante, que “lo vamos a hacer
    mal”, etc., nos expondremos a activar todo nuestro mecanismo ansioso y puede
    que nuestros miedos sean confirmados. La forma de salir de este círculo es la
    de reinterpretar la experiencia sexual de un modo positivo y no con exigencias.
    Precisamente este es uno de los aspectos que le dan facilidad de éxito a la terapia
    sexual.

    ¿Cuáles son las disfunciones sexuales?

    Y por último un listado de las principales disfunciones sexuales que se pueden
    tratar:

    • Disfunción eréctil: Imposibilidad para lograr y/o mantener la erección del
    pene hasta el final de la actividad sexual.

    • Eyaculación precoz: Incapacidad para controlar el reflejo eyaculatorio,
    produciéndose éste antes de lo que la persona desea.

    • Eyaculación retardada: Dificultad para provocar el orgasmo con la
    suficiente estimulación. Éste no se produce y si lo hace es de forma tardía.

    • Vaginismo: Espasmos musculares en la vagina que imposibilitan la
    penetración.

    • Dispaurenia: Dolor o molestias asociadas a la relación sexual. Puede ser
    una molestia leve o un dolor profundo, se da tanto en hombres como en
    mujeres.

    • Trastorno orgásmico o anorgasmia: Incapacidad para alcanzar el orgasmo
    siendo suficientemente estimulada.

    • Trastorno de la excitación sexual: Dificultad para sentir excitación.

    • Deseo sexual hipoactivo: Bajo o nulo deseo de actividad sexual.

    • Aversión sexual: Desagrado y aversión hacia las relaciones sexuales.

    Espero haberte ayudado, si deseas más información puedes escribir a:
    info@unidaddeterapiasexualydepareja.com.

     

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