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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Murcia

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 22
    Enero
    2016

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    Íñigo Errejón pierde su infancia

    Un escalofrío de seriedad recorría la carita de Íñigo Errejón, infante de España, durante la rueda de prensa en la que Pablo Iglesias se ofreció como vicepresidente de un Gobierno presidido por Pedro Sánchez. De repente, se había terminado la lactancia materna del ascenso al poder en calles y plazas y tocaba perder la virginidad en los despachos de La Moncloa y aledaños ministeriales. Tocaba dejar de predicar y empezar a dar trigo, anunciaba el gran jefe Coleta Morada. La infancia gramsciana y académica del pequeño Íñigo se había esfumado por ensalmo. Horror, ya se veía mayor y con bigote, yendo a controlarse la próstata. Raro que Peter Pan no se refugiase a los pechos de Carolina Bescansa, a quien tenía a  su izquierda.

    El líder de Podemos reactivó con un sorprendente latigazo la mortecina semana de encuentros en La Zarzuela. Fue un impactante giro de guión en plan Juego de Tronos, serie tan querida. El tiempo había pasado desde el lunes justo como Rajoy quiere que pasen los días: sin que nada pase. Pero llegó Pablo con un órdago que, según aseguró, primero comunicó a Su Majestad antes a nadie, aunque cuesta pensar que nadie más de la cuadrilla de la izquierda supiera que iban a saltar al ruedo, a lidiar la corrida de su vida.Cuesta pensarlo porque vestirse de luces lleva su tiempo.

    Sea lo que sea, este joven maestro de la narrativa política, ofreció corresponsabilidad a Pedro Sánchez. O, al menos, fingió ofrecerla. Que se hacen mayores, vamos. Que van bajar a tierra firme y desalojar el barco de Chanquete desde el que llevan gritando “no nos moverán” un añito largo. O sea, que quieren carteras ministeriales, subsecretarías, cosas de mandar; que van a entrar en el maldito sistema a tocar pelo. Que no quieren unos nuevos comicios ni seguir revolviendo, que vale, que se encastan un poco.

    Pablo Iglesias acaba de hacer un pase de gol a Pedro Sánchez. El esférico está en el aire y todos lo miramos embobados, como en esos episodios de Oliver y Benji donde cada jugada dura lo que un discurso de Fidel Castro. Va a ser que Pedro quiere pillar cacho, pero la oposición interna y andalusí al líder del PSOE tendrá que decidir ahora si se ennovia con El Coletas, que promete relación seria, o si da paso a Rajoy o a unas nuevas e inciertas elecciones… Tendrán que valorar cuánto les va a costar ese gol. Porque algunos barones opinan que va a ser en propia meta.

     

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