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  • 03
    Julio
    2016

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    tecnología Murcia

    VAMOS COMO LOCOS

    La Tierra se mueve rápido. Rota a una velocidad de unos 1.700 km/hora, (exactamente 1666 km/h en el ecuador y virtualmente cero en los polos).  En realidad la velocidad disminuye con el tiempo, pero a razón de 1 segundo cada 20 millones de años. De hecho, al último minuto de 2005, se le agregó un segundo extra en todos los relojes atómicos que proporcionan el UTC “tiempo universal coordinado”, que es la que se emplea como estándar mundial. La Tierra orbita alrededor del Sol a una velocidad que supera los 100.000 km/h. Pero no percibimos tales movimientos. La clave es que son movimientos constantes, con lo que no hay aceleración o desaceleración a percibir. Solamente percibimos los cambios de velocidad. Sentimos al acelerar o al frenar un vehículo, pero no cuando se desplaza a velocidad constante. Nada nuevo, desde Galileo. Ciertamente Focault  en 1851 y más tarde Sagnac en 1913 idearon procedimientos para percibirlo: el famoso péndulo y la interferometría, que luego sirvió a Michelson para descartar el éter. Pero hablar de la velocidad del movimiento de la Tierra, no es tan sencillo como pudiera parecer. Einstein abordó, precisamente, eso. La velocidad de un objeto, en sí, no puede medirse, salvo en relación con otro objeto. Por ello, al preguntarnos por la velocidad a la que se mueve la Tierra, es necesario decir en relación con qué: su propio eje, con respecto a la Vía Láctea o con respecto a nuestro grupo Local de Galaxias. Además, la Tierra se mueve girando sobre su propio eje, al tiempo que se mueve en órbita alrededor del Sol, y al mismo tiempo el Sistema Solar se mueve orbitando sobre la Vía Láctea, al tiempo que esta gira en un grupo compuesto por otras Galaxias. El Sol se mueve en la Galaxia a una velocidad media de 220 km/s, tardando 250 millones de años en completar un giro a la Galaxia. Hasta ahora lo ha completado en unas 20 ocasiones.

     

    Por si fuera poco, el Universo se expande, provocando que las Galaxias se alejen más rápido cuanto más lejos estén. El telescopio Hubble ha permitido concretar que la velocidad aumenta 265 700 km/h (73.1 km/s) por cada megaparsec de distancia. Cabe preguntarse si hay algún límite, por cuanto una galaxia a 4.063 megaparsecs ¿se movería más rápido que la luz? Aunque estemos sentados en la puerta de nuestra casa, aparentemente quietos, estamos viajando a una velocidad extraordinaria. El viaje de la Tierra alrededor del Sol, supone un desplazamiento a una velocidad de 107.200 km/h. La velocidad de rotación de la Tierra supone que nos desplazamos en el paralelo 40º a unos 1279 km/h, y en el paralelo 30º a 1448 km/h.

     

    En 1835 el físico francés Coriolis estudió la fuerza que se ejerce sobre una masa que se desplaza sobre un cuerpo que se encuentra en rotación. Supone esta fuerza una desviación de la trayectoria en el sentido horario en el hemisferio Norte y en el sentido antihorario en el hemisferio Sur. Puede parecer anecdótico el hecho sobre los humanos, a escala doméstica, pero tiene mucha importancia  en la dinámica fluvial, en la climática porque afecta a los vientos dominantes y en la marina, dado que también incide en las corrientes oceánicas. En el límite atmosférico impone un equilibrio al compensar la fuerza ejercida por el gradiente de presión, lo que da lugar a los vientos geostróficos. Es por ello, que los sistemas de bajas presiones giran en el sentido antihorario en el hemisferio Norte y los sistemas de altas presiones lo hacen en el sentido horario, todo lo contrario de lo que ocurre en el hemisferio sur.

     

    La clave de la detección de la velocidad hay que buscarla en la inercia: todo cuerpo en reposo o en movimiento continuará en ese estado, salvo que actúe sobre él una fuerza externa. Psicológicamente, la percepción de la velocidad del movimiento depende del entorno, tamaño de estímulos y la distancia al observador. Es decir, no se explica solamente considerando el objeto en movimiento, sino las condiciones en que se produce. La maravilla es que desplazándonos a toda velocidad, ni nos enteramos ¡Qué dramático sería que percibíésemos que vamos como locos!

     

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