Blog 
SEMICIRCULO
RSS - Blog de Alberto Requena Rodríguez

Archivo

  • 21
    Febrero
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    tecnología Murcia

    NUEVOS AIRES

    Desde 1770 se estudiaban los denominados “aires”, que era el término con el que se designaban los gases, y su relación con los organismos vivos. Era el tópico más debatido en la comunidad científica. Stephen Hales inició la investigación a comienzos del siglo XVIII, midiendo la presión arterial y formulando la hipótesis neuroeléctrica, señalando  el papel del aire en la composición de los cuerpos. Entre 1760 y 1770 se aislaron el hidrógeno (“aire inflamable”), el nitrógeno (“aire flogisticado”), dióxido de carbono (“aire fijado”), metano (“aire de los pantanos”) y oxígeno (“aire desflogisticado”).  Priestley escribía en 1775, “He visto abundantes razones desde la publicación de mi primer volumen de Observaciones sobre los diferentes tipos de aires, felicitándome porque en el corto tiempo necesario para imprimir, en lugar de realizar yo solo o unos cuantos, los experimentos, el tema ha ganado un interés universal entre los filósofos de toda Europa, […] y esta rama de la Ciencia, de la cual, en modo alguno nadie sabía nada hasta muy recientemente, ahora puja por ser más avanzada que cualquier otra en cualquier parte de los cuatro puntos cardinales de la filosofía natural”.

     

    La “profecía de Priestley” se cumplió muy pronto. Poco después, Lavoisier, elaboró una nueva explicación sobre combustión y respiración, iniciando la revolución química. Galvani, conoció esta nueva “rama de la Ciencia”, por su proximidad con Giuseppe Veratti, que la lideró en Bolonia. Galvani se interesó por “los aires” para familiarizarse con el cuerpo de conocimiento y la práctica experimental que podía suponer. Donde fue muy fértil fue en el campo propio de la comunidad científica de Bolonia, en donde la investigación química siempre estuvo conectada con el estudio de la “economía animal” y la medicina. Beccari, uno de los maestros de Galvani identificó el gluten en el trigo, (considerado, hasta entonces, como producto animal) y Veratti estudió sobre “aires contenidos en los cuerpos[…] de los animales y en la sangre.

     

    En mayo de 1783, Galvani disertó en la Academia de Ciencias de Bolonia, recordando la investigación de Veratti en el título, “Sobre los principios volátiles extraídos del aire fijo a partir de varias partes sólidas y fluidas de varios animales”. En noviembre del mismo año disertó sobre “El aire inflamable de partes animales”. Esta investigación fue altamente original, inspirada en Veratti, pero no solo continuación de su trabajo, sino pionero en esta rama de la fisiología. Galvani se convertía en un investigador en vanguardia del campo que había inaugurado Lavoisier con su teoría de la respiración.

     

    Galvani, también fue pionero en un campo contiguo, el de la electrofisiología, aplicando las nociones concernientes a la electricidad al estudio de los movimientos musculares y trasladando los conceptos  y métodos existentes de neumática al estudio de la fisiología. Su objetivo era estudiar los gases contenidos en los tejidos y órganos para comprender su papel en la composición del cuerpo y en las funciones. En especial, buscaba un fluido que proporcionara abundante energía, distinto de la electricidad, para poder dar cuenta de las fuerzas que constituían la base de los procesos fisiológicos. Le atraía el “aire inflamable”, descubierto por Cavendish, que explotaba cuando se mezclaba con aire ordinario y se producía la ignición. Galvani lo encontró especialmente abundante en los nervios. Esto le llevó a denominarlo “fluido nervioso” o “espíritu animal”. Era muy fino, en orden a fluir a través de los nervios y muy rápido, para dar cuenta de las sensaciones y los movimientos. De hecho las contracciones musculares se describen como pequeñas explosiones. Supuso que el “aire inflamable animal” podía ser absorbido por los alimentos y a través de la digestión se trasladaba al organismo donde ejercía sus funciones, entre otras, la contracción muscular. Le faltaba por identificar como se provocaba la ignición. Conjeturó, haciendo uso de la experiencia de Volta, que demostró que una chispa eléctrica podía producir la explosión del aire inflamable, que la electricidad jugaría un papel similar, en particular, la presente en la atmósfera, que actúa sobre el cuerpo. De nuevo focalizó la electricidad para ver los efectos sobre el movimiento muscular y explicar cómo se trasladaba la energía vital del cerebro a los músculos.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook