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  • 21
    Febrero
    2016

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    tecnología Murcia

    MURCIA Y LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

    Hoy parece evidente la influencia de una Universidad en su entorno. En realidad, solo se aprecia su importancia cuando no se tiene o deja de tener, situación en la que la Universidad de Murcia se ha visto, hasta en cuatro ocasiones y en tres de ellas se consumó. Sólo lo impidió la persistencia de la sociedad murciana, siempre con un líder que condujera la reclamación. Viene ocurriendo desde antes de 1267.

     

    La generación de conocimiento no se puede, en modo alguno, tratar como cualquier otro producto objeto de transacciones económicas. Una cosa es adelantarse, otra proteger un descubrimiento y otra bien distinta, compartir los avances, la componente social y no debiera ser transaccionable. Cierto es, que no siempre se ha tenido la misma concepción. La Región de Murcia es un buen ejemplo para analizarlo.

     

    Es conocido que la Universidad de Murcia inicia su andadura con anterioridad a la aparición en el escenario del Rey Sabio. Al igual que tras él, antes, formalmente se referenciaban como Estudios, los ámbitos destinados a la generación, transmisión y acumulación del conocimiento. Las áreas preferentes eran Humanidades y, como mucho, Medicina. Hubo una Universidad que compitió con la cordobesa antes de que Alfonso X el Sabio llegara a la Región, como dejó dicho el Rector Recaredo Fernández de Velasco en 1929. Al Ricoti ya enseñaba, y como consecuencia de ello recibió el encargo del Rey Sabio, de poner en pie la primera Universidad cristiana. Pese a que Al Ricoti, acabó yéndose a Granada, la Universidad prosiguió hasta entrado el siglo XVII. Sin embargo, el ámbito científico y tecnológico, en aquella época, no se cultivaba en los centros universitarios. Eran iniciativas privadas, más directamente relacionadas con los problemas que pretendían resolver, aliviar o superar y muy mezclada con intereses empresariales, que diríamos hoy. No es raro, por tanto, que los científicos caracterizados en esa época, fueran nobles, aristócratas o gente que ejercía algún poder delegado y no tenía problemas económicos.

     

    Resulta sorprendente que ignoremos, de forma casi generalizada, que Murcia ostenta el poco usual privilegio de tener entre sus ciudadanos a quien pudo representar el salto cualitativo más grande de la Humanidad. Porque Jerónimo de Ayanz y Beaumont, navarro de nacimiento (1553), educado con los infantes de Felipe II, militar aguerrido, hasta el punto de ser “admirado” por Lope de Vega en su obra “Lo que pasa en una tarde”, protagonista junto a María Pita de la defensa de Galicia frente a los ingleses y uno de los militares que culminó la campaña que hizo que Felipe III estuviera al frente de España y Portugal, en el breve espacio de tiempo que tal cosa se dio, fijando la capital en la ciudad de Tomar. Hombre polifacético, amante de las artes, la música y, sobre todo, inventor, hallándose en posesión de una cincuentena de patentes que han quedado recogidas en el archivo de Simancas y en el Archivo de Indias. Llegó a Murcia en 1584 de la mano de su tío, el inquisidor  de Murcia, D. Francisco de Ayanz. Murió en 1613. Está enterrado en la Catedral de Murcia, en la capilla de los Dávalos, con quien estaba emparentado, dado que casó sucesivamente con dos hijas de D. Luis Dávalos y Pagán, primero con Dª Blanca y después con Dª Luisa, al fallecer prematuramente la primera de ellas en 1585.  Fue regidor, de por vida, a la muerte de su suegro. Cabe destacar, en especial, su aportación  de la primera máquina de vapor de la que se tiene noticia. Aconteció este hecho hasta siglo y medio antes de que Watt la anunciara al mundo provocando el inicio de la revolución industrial. Ni la Región, ni España, ni Europa estaban a la altura de lo que aportaba el insigne inventor. De haberlo estado, la revolución industrial pudo acontecer en España y ser Murcia una referencia privilegiada. Lo peor es que se silenció y fueron otros los que recogieron el fruto y el éxito, pero mucho más tarde. ¡Maldita sea! Y nosotros, la inmensa mayoría de murcianos, sin saber nada. ¡Incluso hoy mismo! Habrá que hacérselo mirar esto.

     

     

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