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  • 03
    Julio
    2016

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    tecnología Murcia

    MAS QUE SUMA DE PARTES

    Las partes que componen un todo pueden no tener el comportamiento individual que se percibe del conjunto. En este caso se denomina comportamiento emergente. Es decir, que es la interacción entre las partes, la que da lugar a propiedades diferentes del conjunto. Efectivamente, el concepto de emergente tiene una connotación inesperada, diferente, incluso “mágica”, en ciertos ámbitos. En el escenario científico, el todo no es la suma de las partes, pero el comportamiento del conjunto puede comprenderse a partir de la naturaleza y comportamiento de las partes.

    En el ámbito químico es un concepto profundamente arraigado, por cuanto cualquier compuesto químico está formado por átomos, pero las propiedades de la molécula no son, en ningún caso, la media ponderada de las propiedades de los átomos constituyentes. Pero también es cierto que podemos predecir el comportamiento de una molécula si se tienen en cuenta las partes que la componen y cómo interactúan. Por ejemplo: la molécula de alcohol está compuesta por átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno. La masa molecular es la suma de la de los átomos constituyentes. Pero, además de eso, ninguna otra de sus propiedades se puede obtener mediante la suma aritmética, ni nada parecido. Su reactividad o su comportamiento con respecto a la absorción de la luz, mediante el uso de la Mecánica Cuántica, se puede deducir y predecir, por tanto, con excelente aproximación. Es cierto que nadie otorga a este comportamiento de la molécula, diferente de la de los átomos que la constituyen, como derivado místico porque la molécula no es igual a la suma de sus partes. Sorprende, por tanto, que cuando hablamos de neuronas, del cerebro por consecuencia, si nos maravillamos de que cómo un total, el cerebro no tenga nada que ver con la conducta de sus partes, las neuronas. En realidad el cerebro resulta ser tan complicado y tan individual, genuino, que conocer cómo funciona puede resultar inalcanzable, lo que no es óbice de que lleguemos a comprender como surgen los comportamientos complejos a partir de las interacciones de sus partes constituyentes.

    Nuestro cerebro se ha ido conformando al tiempo que se desarrollaban conceptos sobre nuestro entorno en los escenarios cotidianos. Pero ello no quiere decir que solamente los conceptos próximos puedan ser objeto del aprehendimiento de ideas. De sobra y en multitud de ocasiones evidenciamos la asimilación de conceptos, incluso contraintuitivos, como puede resultar ser la Mecánica Cuántica o de cualquier marco teórico poco usual, como puede ser la Teoría de la Relatividad. Es la práctica constante la que permite al cerebro captar la esencia y manipularla con propiedad. La cuestión también es que no tenemos por qué aceptar a priori limitaciones para la captación de ideas de cómo funciona nuestro cerebro, aunque admitamos que pueden faltarnos conocimientos e ideas, todavía no desarrolladas ni formuladas. Cualquier idea sobre el cerebro pudiera parecernos rara, en principio, pero no hay razón para suponer que con la práctica no podemos esperar manejarlas con confianza. Cierto es, también, que no tenemos por qué esperar que el conocimiento que nos falta lo podemos obtener a partir de los componentes del propio cerebro y de sus interacciones mutuas. La lentitud con la que se avanza en esta área, tiene mucho que ver con la complejidad y la variedad de los procesos que tienen lugar.

    Si reparamos en la evolución, nos percataremos de que el cerebro se relaciona con el propio cuerpo, pero también, con el exterior. El mundo exterior es ajeno a nosotros, independiente de nuestra observación aunque, ciertamente, ésta nos involucre cuando actuamos a nivel en el que rige la Mecánica Cuántica. Es posible que nunca lleguemos a conocer el mundo exterior y nos tendremos que conformar con una información aproximada sobre algunos de sus aspectos obtenidos a través de nuestros sentidos y operado por nuestro cerebro. Con nuestro propio cerebro pasa algo parecido, ni somos conscientes de todo cuanto ocurre en él, ni necesariamente está exenta de errores la interpretación que de ello hacemos. Va siendo hora de que, al igual que nos ocupamos del espacio exterior, reflexionemos acerca de la introspección. Portamos, probablemente al más desconocido. Y no se trata de hacerlo con dignidad, sino dilucidar algo más sobre él. Es saludable.

     

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