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  • 03
    Julio
    2016

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    tecnología Murcia

    LOS QUALIA

     A través de los sentidos, capturamos el mundo exterior. Es muy posible que la imagen que tenemos de las cosas, no sea un modo de comportamiento de nuestro sistema neuronal. Lo cierto es que la representación que, finalmente arraiga, es una cuestión complicada de describir y explicar. Genéricamente, se denomina problema de los qualia (cualidades subjetivas de experiencias individuales. En singular “quale”). Se ejemplifica, usualmente, con los intentos de explicar la rojez del rojo o lo doloroso del dolor. Básicamente, son características que no pueden ser comunicadas con precisión, al menos aparentemente.  La dificultad de explicación de estas propiedades, hace que su descripción en términos de procesos celulares o moleculares subyacentes, no encuentren una fácil traducción.

    Ciertamente, las dificultades inherentes a la explicación de las propiedades que caracterizan los qualia, no imposibilitan que se alcance una explicación cabal de la percepción de aquéllas. En pocas palabras, podemos explicar cómo percibimos el color rojo asociado a las condiciones de comportamiento de neuronas y moléculas que lo posibilitan. De alguna forma, esto aproximará la descripción de la sensación del color y cuáles son los comportamientos neuronales que permiten percibir el rojo, por ejemplo, de forma diferente a como percibimos otro color. Ahora bien, aunque tengamos dificultades de explicación y de comunicación de los qualia, como lo doloroso del dolor, de ello no se deriva, necesariamente,  que percibamos de la misma forma. Si el denominado correlato neuronal de dos cerebros diferentes, pudiera ser el mismo, sería posible inferir que la percepción de ambos podría ser la misma. La cuestión es el concepto de exactitud, de coincidencia, que apliquemos. Es, justamente este concepto, el que fija la necesidad del grado de conocimiento detallado que precisamos  Si  intervienen en el correlato neuronal elementos de experiencia pasada, ya hay un elemento de discrepancia de un sujeto a otro, lo que justifica que no seamos capaces de percibir el mismo dolor en un episodio doloroso o el mismo rojo, de la misma manera, en una visualización de tal color.

    Esto supone que la conciencia tiene mucho que ver con lo que hemos denominado correlato neuronal. Pero, ciertamente, si aceptamos que nuestra voluntad es libre, esto desencadena problemas adicionales. Por un lado, tenemos que ser capaces de asociar un correlato neuronal demostrativo del libre ejercicio de nuestra voluntad. También es cierto, que podemos concluir que nuestra voluntad solamente es libre de forma aparente. Seguramente, el orden para intentar resolver el dilema es primero resolver la conciencia y posteriormente abordar el libre albedrío.

    Para comprender el cerebro, es preciso contemplarlo como producto de la evolución por selección natural. El cerebro no es un producto de diseño, pese a que se revele como optimizado, en cuanto a la energía que consume y el espacio que ocupa. Los genes, legados por nuestros ancestros, también los remotos, recogiendo la experiencia pasada, actuando antes del nacimiento, han ido constituyendo la base de la estructura cerebral. Hoy sabemos que no nacemos con un cerebro "tabula rasa". La evolución construye sobre lo que había antes y si algún nuevo componente funciona, lo promueve sin pestañear, lo que supone que en la evolución, cuánto mayor facilidad ofrezca algo nuevo, mayor probabilidad de que se seleccione. Esto supone que la evolución arrastra una especie de mezcolanza de antiguos y nuevos elementos interrelacionados. Por raro que pueda parecer, estos sistemas complejos funcionan mejor que los simples. Esta característica la podemos observar en el comportamiento del cerebro maduro, modulado por la experiencia y matizado por la educación. El cerebro continúa su desarrollo después de la pubertad y se considera que continúa hasta superados los 30 años y más. Se concreta, incluso, que el área denominada cortex prefrontal es la que requiere mayor tiempo de maduración y en ella radican las funciones de planificación, toma de decisiones, la empatía y las conductas relevantes del comportamiento social, perfilando la personalidad.  El lenguaje es fiel exponente de ello, ya que tiene mucho que ver con el lugar y la forma en que lo hayamos educado. Apasionante cerebro. ¡Lo más íntimo y lo más inexplicado!

     

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