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  • 15
    Diciembre
    2015

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    tecnología Murcia

    LO MAS RARO QUE PODEMOS SUPONER

    Los conceptos de descubrimiento o desvelamiento o revelación, son esencialmente la visión que introdujeron los presocráticos, como Anaximandro, Pitágoras, hasta el mismo Platón, que suponían que el mundo existía, ya estaba ahí, y nosotros querríamos o desearíamos saber algo sobre él. La leyenda que se cuenta de Pitágoras, lo sitúa en una de las calles de Crotona, pasando por delante de una herrería en la que las labores consistían en golpear con el martillo una pieza de hierro situada sobre un yunque y emitiendo un sonido, que Pitágoras analizó, concluyendo que el tono tenía relación directa con la longitud de la barra de hierro golpeada. No cabe duda de que el sonido, una onda que se transmite por el aire, mediante compresiones de las moléculas que lo componen, es percibido, gracias a la evolución que nos ha dotado de detectores de este movimiento del aire, mediante sensores especializados que son nuestros oídos. Pitágoras propuso, lo más grandioso que podemos atribuirle (ya fue sugerido por Anaximandro) que la Naturaleza tenía leyes, que no eran cosa de dioses ni había que apelar a la magia para explicar lo que ocurría, solamente había que estudiarla. Claro, que cabe que la evolución no nos haya dotado de “sensores” para todo lo que acontece, sino que ignore aspectos e induzca ignorancia en nosotros.

     

    Nuestra capacidad natural de percepción del espectro electromagnético es un excelente ejemplo de las limitaciones sensitivas como humanos de las ondas electromagnéticas. Salvo una pequeña fracción del espectro, denominado zona o región visible, para la que nuestro sensor es la vista, percibimos algo de la zona ultravioleta y algo de la zona infrarroja detectados, indirectamente a través de la percepción del calor emitido por radiación o las reacciones derivadas de la incidencia de las ondas del ultravioleta que afectan a nuestra piel y, en casos, de nuestro ADN. Pero no disponemos de sensores para la zona de radioondas, microondas, rayos X, rayos gamma ni mucho menos de rayos cósmicos, que completan el espectro electromagnético. Es decir, somos insensibles a millones de longitudes de onda para la que hemos tenido que desarrollar dispositivos artificiales, como las televisiones, los teléfonos o los aparatos de radio. Claro que todos ellos eran completamente desconocidos , incluso inconcebibles, para nuestros antecesores de hace unas cuantas generaciones.

     

    Parece claro que nuestro aparato sensorial ha sido moldeado por la evolución para permitirnos encontrar alimento en cantidad suficiente para nosotros y para dedicarnos a la reproducción, pero no somos capaces de percibir gran parte del universo en el que estamos. Ahora bien, el mismo proceso de moldeo es el que tiene que haber moldeado nuestra mente. Ello nos lleva a plantearnos si hay más cosas que quedan fuera de nuestra comprensión, fuera del alcance de nuestro aparato mental. Haldane, biólogo y genetista escocés que sugirió en 1929, que las moléculas orgánicas libres solo se podían haber originado en una atmósfera con poco contenido en oxigeno, ya que en su presencia la mayor parte de las moléculas se descomponen en productos más simples, lo que coincidía con lo sugerido por el bioquímico soviético Oparin en 1923 y que sirvió de base para que Miller en 1950 sintetizara glicina y otros aminoácidos básicos a partir de metano, vapor de agua, hidrógeno y amoniaco, con lo que el origen de la vida sufrió un varapalo en su vertiente creacionista, por cuanto a partir de elementos minerales, inorgánicos, podían generarse moléculas orgánicas, las moléculas de la vida. Haldane afirmaba   “El universo no solo es lo más raro que suponemos, sino lo más raro que podemos suponer” Después de esto, hemos descubierto los neutrinos, los quarks de distintos sabores, posibles nuevas dimensiones, moléculas grandes como el ADN que contiene nuestros genes, anticuerpos que nos distinguen de otros y hemos utilizado nuestros estos y otros conocimientos para desarrollar tecnologías como las telecomunicaciones, la televisión y una serie sin fin de cosas diferentes. Pero no hay todavía ninguna evidencia en contra del enunciado de Haldane, parece hoy más correcto que nunca.

     

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