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  • 11
    Septiembre
    2016

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    tecnología Murcia

    LEYES Y CAPRICHOS

     

    Cambian muchas cosas y muy rápidamente. Tenemos esa sensación. Claro que una afirmación como ésta, cuando se dice con gravedad, debería ir acompañada de algo más que la percepción de sólo uno mismo. No obstante, la impresión es que, efectivamente cambian cosas con rapidez suficiente, como para percatarse de que han variado a lo largo del periodo de vida de una persona. El clima, por ejemplo, es difícil que esté incluido en una afirmación tal, por cuanto requiere de un tiempo mucho más extenso que el de una persona, para que pueda tener visos de realidad y no de alteración ocasional. La proyección catastrófica, de continuar con las prácticas que la Humanidad prodiga, tiene mucho sentido por cuanto los modelos con los que concretamos nuestro entorno relatan comportamientos creíbles a plazos suficientemente largos, como para que la tendencia se pueda valorar como catastrófica.

     

    Mucha gente piensa que siendo tan imprecisa la predicción meteorológica, no es posible que a un plazo tan grande como el que requiere el análisis del clima, en comparación con el propio de la predicción del tiempo, pueda ser creíble el pronóstico.   Si se pretendiera usar el mismo modelo, así sería, pero la simulación en uno y otro caso, tienen poco en común. Básicamente, una cosa es el clima, y otra, bien distinta, el tiempo meteorológico. No obstante, es de suponer, que los avances científico-tecnológicos nos sitúan en entornos, cada vez más sofisticados, al tiempo que la precisión y exactitud de las predicciones, son cada vez más y mejor aproximadas.

     

    Perdemos algo de romanticismo, eso también es verdad. Los avances nos llevan a una utilización más razonable de medios y productos pero, al tiempo, van perdiendo la componente artesanal que tan gran y sabroso gusto dejan, al quitarle una buena componente romántica a muchos de nuestros logros. Por ejemplo, la generalización del soporte y tratamiento digital, de muy reciente factura, por cuanto no cumple ni siquiera un siglo, para haber acaparado casi la totalidad de los ámbitos conocidos es, realmente, espectacular. En el caso particular de la imagen, ha dejado muchos cadáveres al encaramarse en todo lo alto de las preferencias. Hoy no es posible un escenario alternativo comparable al que describimos a continuación.

     

    El azufre es el menos conformista de los elementos químicos conocidos. No se conforma con una valencia, sino que requiere tres de ellas. Es bi, tetra o hexavalente. Es decir que, si no puede asirse con dos brazos, emplea cuatro y si no, pues con seis. A capricho o a discreción, tómese lo que se quiera. Pero la Naturaleza no tiene caprichos, ni conoce la discrecionalidad. La Naturaleza solamente tiene leyes. Hubo un tiempo en que se pensaba que el azufre actuaba discrecionalmente, en una especie de pirueta química. Claro, que la cosa tiene envergadura, por cuanto a esta pirueta se debió el nacimiento de la fotografía, el cine sonoro y tecnicolor, nada menos. El azufre hexavalente puede formar consigo mismo, en su modalidad bivalente y combinado con hidrógeno y oxígeno, el ácido que se denomina ácido tiosulfúrico. Como sal, es decir tiosulfato de sodio, se combina con cloruro, yoduro o bromuro de plata. Entonces el sodio se ve desplazado por la plata. La gracia de la cuestión es que, del insoluble bromuro de plata, resulta el soluble tiosulfato del mismo metal. Este era el proceso que tiene lugar en el fijado de una placa fotográfica revelada.

     

    Sir Davy, Arago y Gay-Lussac anduvieron en ello hace más de siglo y medio. No puedo evitar la sensación de que al pasar a una más cómoda simulación como la que propician los ordenadores, hemos suplantado buena parte de la épica que mantenía al descubrimiento en los escalones de astucia, talento y perspicacia, que muchos llamaron intuición. Es probable que se fomentara, más que en el presente. El pasado nos dio este presente. Este presente, nos dará otro futuro. Distinto, claro. Diferente. ¡A saber ¡

     

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