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  • 21
    Febrero
    2016

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    INGENIERÍA DEL REPARTO DE JUGUETES

    San Mateo escribe sobre los Reyes Magos, sin otorgar titulo de reyes, ni nombres propios. En el siglo III se introduce la referencia de magos, en el siglo IV los teólogos Orígenes y Tertuliano los introducen como tres magos y la denominación como Melchor, Gaspar y Baltasar, aparece en el siglo VIII. Se les atribuye conocer el cielo y saber describir el futuro interpretando la posición de los planetas. Representaban a los tres continentes, entonces conocidos: Asia, África y Europa. Cuando se ven con Herodes, preguntan por el rey de los judíos, cuya estrella vienen siguiendo e iban a adorarle, según narra Mateo. No se especifica su procedencia, pero se les supone procedentes desde Irán o el mar Caspio, a más de mil kilómetros de Belén. Probablemente se dio la conjunción de Júpiter (dios principal) y Saturno (su padre), que se encontraban en Piscis (alegoría del pescador y simbología de los cristianos). Una coincidencia de tal nivel era propia de un gran acontecimiento. El desplazamiento a través del cielo, fue suficiente lento para que lo siguieran los Reyes Magos. La conjunción quedó reflejada en una de las tablillas de arcilla encontradas en Babilonia en 1925.

     

    Pero los Reyes Magos o el gran mago de la Navidad (Papá Noel) no actúa sólo. En el mundo católico y no católico se mueven sin itinerario claro, entre este y oeste y norte y sur, distribuyendo el mayor número de regalos posible. Partamos de la suposición de que existen y tratemos de resolver las ambigüedades que se presentan. De ir montados sobre un reno o camellos, que sepamos, no pueden volar. En el mundo puede haber unos 2.200 millones de niños, según UNICEF (1000 millones en la pobreza). Si solo se ocupa de los occidentales, la cifra sería en torno a un 15%, es decir, menos de 400 millones de niños, lo que supone cerca de 100 millones de hogares. Si consideramos la rotación de la Tierra, Santa Claus dispone de unas 30 horas, comenzando a las 6 de la tarde del 24, hasta completar el 25 de diciembre y los Reyes entre el 5 y 6 de enero. Visitar 100 millones de casas en 30 horas, implica unas 925 visitas por segundo, lo que supone, en torno a, una milésima de segundo para aparcar el trineo (camello), localizar la chimenea, bajar, repartir los regalos y volver al trineo (camello) para buscar la siguiente. Suponiendo una media de 1 km de distancia entre casa y casa (las zonas urbanas por la rurales), recorren 100 millones de kilómetros en 30 horas, por tanto llevan una velocidad, en torno a 3  x 10^6 km/h, que es dos milésimas  de la velocidad de la luz y unas 2.500 veces a velocidad del sonido. La onda de choque es colosal en estas condiciones. ¡Tenemos un problema! Un reno (o un camello) no pueden superar, como máximo,  los 20-25 km por hora, al galope. Es más, si suponemos un kilo de juguetes por niño, el equipaje es de unas 100.000 toneladas, cuando un reno  no puede desplazar más de unos 150 kilos y algo más un camello. Esa masa a esa velocidad sufrirá un calentamiento por rozamiento, que incendiará y vaporizará todo en milésimas de segundo. Además, tanto Santa Claus, como los Reyes, serían aplastados contra la parte posterior por fuerzas superiores a los 2 millones de kilos. Perecerían en la primera etapa del viaje,  salvo que consideremos efectos cuánticos: dado que conocemos con precisión tanto la masa que desplazan, como los regalos y podemos suponer el desplazamiento este-oeste, podemos conocer el vector momento cinético exactamente y aplicando el principio de Incertidumbre de Heisemberg, determinaríamos la posición de los Reyes o de Santa Claus en cualquier momento. El resultado es, que lo encontraríamos disperso en toda la superficie de la Tierra, por tanto, en cualquier parte. Incluso, considerando la teoría de la relatividad, en algunos casos puede llegar al sitio antes de salir. Como si fuera un tachión, aunque todavía no se haya detectado, pero tampoco se han detectado los agujeros negros y no dudamos de su existencia. Según la Mecánica Cuántica, tanto los Reyes Magos como Santa Claus, pueden, perfectamente repartir los juguetes. ¡Portaros bien, no sea cosa que…!

     

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