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  • 21
    Febrero
    2016

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    tecnología Murcia

    HERRERO, POETA, MÚSICO

    La mitología es muy variada, pero un análisis comparativo encuentra patrones comunes en los diferentes escenarios. En todas las mitologías hay una lucha por la soberanía del mundo entre un dios celeste (el dios del huracán) y el dragón acuático. Pero tras haber vencido el primero y enviado y sujetado al segundo en las profundidades subterráneas, aquél forma u organiza el mundo a partir de su cuerpo. En muchas mitologías, desde Escandinavia a Egipto, el dios del huracán recibe de un dios herrero las armas con las que vence. Pero esta cooperación no se limita a este aspecto puntual. Este Dios herrero tiene relación con la música y el canto. El vocabulario semítico es revelador: el árabe q-y-n, que significa forjar, es próximo a los términos hebreo, sirio y etíope que significa cantar. La etimología de la palabra “poeta”, en griego “poiêtés”, significa fabricante y es, semánticamente, próximo a artesano o artista. Desde el sánscrito hasta el escandinavo, pasando por el turco, tártaro o mongol,  hay lazos íntimos entre la profesión de herrero y el arte del poeta o el músico. El herrero está asociado a los héroes, cantores o poetas. No en vano los zíngaros eran  nómadas  al tiempo que herreros, caldereros, músicos, curanderos y lectores de la buenaventura. 

     

    Así pues, en muy distintos niveles culturales, hay una relación muy íntima entre el arte del herrero, las ciencias ocultas y el arte de la música, danza y poesía. Estas técnicas se  transmiten en un ámbito de sacralidad y misterio, con rituales de iniciación donde se transmiten los secretos de la profesión. El relámpago y el rayo son las armas de los forjadores divinos para sus dioses. Son las armas de Zeus que lo lanza lejos y el martillo de Thor es el rayo. Hay una especie de superposición de imágenes con el rayo, la piedra del rayo, que era un arma mágica que actuaba a distancia y, en casos, volvía como un boomerang a las manos de su lanzador, como ocurría con el martillo de Thor. Así pues, los herreros ayudaban a los dioses a  mantener su supremacía, no exento de carácter mágico o divino, ya que toda “creación” y toda “construcción” era una obra sobrehumana.

     

    Un aspecto a destacar de la mitología del artesano de las herramientas es que el obrero se esfuerza en imitar los modelos divinos. Los herreros de los dioses forjan armas inspiradas en el rayo y el relámpago y los herreros humanos imitan el trabajo de sus patrones sobrehumanos. Se llega a la apoteosis del “faber” del que crea objetos. El oculto secreto de la “fabricación”, de la “construcción” es específico para cada capacidad.  Así, el herrero o el artesano divino o semidivino, son al tiempo arquitectos, danzantes, músicos o hechiceros-médicos. Hacer algo implica conocer la fórmula mágica que permita inventarlo o hacerlo aparecer espontáneamente. Ello conlleva que el artesano conoce los secretos (en el fondo es un mago) y todos los oficios requieren una iniciación y se transmiten mediante tradición oculta. El que hace cosas eficaces es el que sabe, el que conoce los secretos para poder hacerlas.

     

    Es, de esta forma, que se traduce en la mitología la función del herrero, como el encargado por dios de perfeccionar la creación y organizar el mundo y, por si fuera poco, también de educar a los hombres, al revelarles la cultura. Resulta curioso que culturas muy dispares y distantes configuren estructuras similares, desde Japón, a Grecia, desde África al norte de Europa. La simpatía con el fuego impulsa la convergencia en experiencias mágico-religiosas tan diferentes como la del chamán, el herrero, el guerrero y el místico. El “dominio del fuego” que tienen en común el mago, el chamán y el herrero, se consideró en el ámbito cristiano como una obra diabólica. Una de las imágenes más frecuentes presenta al diablo arrojando llamas por la boca. Probablemente, de aquí deriva la última transformación arquetípica del “Señor del Fuego”.

     

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