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  • 03
    Julio
    2016

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    tecnología Murcia

    EN PROFUNDIDAD

    Cuando contemplamos la imagen de una pradera, tenemos la impresión de que el sembrado, hierba o césped, se aleja de nosotros. Si es una fotografía vemos que las hojas de hierba se van haciendo más pequeñas, sistemáticamente hacia la parte más alta de la fotografía. Nuestro cerebro no ve la fotografía como si se tratara de una pared plana y vertical sobre la que crece la hierba alta en la base y pequeña en la parte superior, sino como un campo de hierba uniforme que se extiende, alejándose de nosotros. Hay otros indicios de profundidad, como el tamaño aparente. Un objeto produce una imagen menor conforme está más alejado. Los paisajes parecen más azules al aumentar la distancia. Estos recursos son los que aprovechan los artistas, en especial, desde que descubrieron la perspectiva en la época del Renacimiento.

     

    Pero la fuente más importante de la profundidad radica en la denominada visión estereoscópica. Depende de nuestros ojos, de forma que cada uno obtiene una visión del mundo distinta a la de otra persona. Wheastone  fue el primero que demostró a mediados del siglo XIX que dos visiones, montadas convenientemente, pueden proporcionar la impresión de profundidad.  Inventó lo que denominó el estereoscopio, que creaba la ilusión de ver imágenes tridimensionales. Es mucho más conocido en entornos técnicos por ser el inventor del denominado puente de Wheastone, que permite determinar el valor de una resistencia formando un montaje con otras tres resistencias de valor conocido, gracias al equilibrio de los brazos del puente.

     

    El visor estereoscópico, que se hizo muy popular en la época victoriana, permitía ver a cada ojo una fotografía por separado y cada una de ellas estaba tomada desde un ángulo ligeramente diferente y se producían dos visiones, que no eran exactamente iguales. El cerebro es capaz de detectar las diferencias entre ambas ”las disparidades”, que producen la sensación de profundidad. Es fácil comprobar la visión estereoscópica cerrando un ojo,  cuando miramos objetos cercanos en la escena que tenemos ante nosotros. Para la mayoría de gente, no se produce la impresión de profundidad tan intensa como cuando se emplean los dos ojos. Cuando contemplamos una fotografía de un edificio, ciudad o paisaje, los dos ojos permiten al cerebro deducir que la superficie de la imagen es plana. Lo cierto es que obtiene una impresión de profundidad más vívida si se mira este tipo de imágenes con un solo ojo, mientras. simultáneamente se tapan los márgenes de la misma con las manos, situándose en posiciones en que no se vean los reflejos. El objetivo es eliminar los indicios que revelan que la imagen es plana, con el resultado de que predominen los indicios que el artista ha situado en el cuadro o en la fotografía, para conseguir la impresión de profundidad.La visión estereoscópica funciona mejor para los objetos cercanos, dado que a esas distancias las disparidades entre ambas imágenes llegan al máximo. El objeto debe estar más o menos frente a nosotros y no retirado hacia un lado, como para que la nariz impida la visión a uno de los ojos. Los predadores tienen que abalanzarse sobre las presas y tienen los ojos situados frontalmente (gatos, perros, etc). La visión estereoscópica les vale para atenazar a sus presas. Otros animales como los conejos, tienen los ojos situados lateralmente, con lo que tienen un mayor campo de visión de sus predadores, pero visión estereoscópica más limitada que la nuestra, dado que sus ojos solapan bien poco.

     

    A Wheastone se le recuerda más porque en 1846, mientras esperaba para pronunciar el Discurso de los viernes en la Royal Society de Londres, se puso nervioso, propio de su carácter vergonzoso y huyó antes de pronunciar una sola palabra, dejando a los presentes sin nadie que lo sustituyese. Al parecer, entre el público se encontraba Faraday, que improvisó una brillante conferencia especulando sobre la luz, que interpretaba como una perturbación entre la electricidad y el magnetismo. Lo cierto y verdad es que desde entonces, al conferenciante de la Royal Society, que espera desde un cuarto de hora antes de pronunciar su conferencia, en una habitación pequeña, contigua a la sala de conferencias, se le cierra la puerta con llave.

     

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