Blog 
SEMICIRCULO
RSS - Blog de Alberto Requena Rodríguez

Archivo

  • 15
    Diciembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    tecnología Murcia

    EL TIEMPO

    La asimilación del concepto tiempo por los humanos tiene lugar a edades muy tempranas. Distinguir entre ayer y hoy u hoy y mañana, acontece siendo muy niños. Valorar el tiempo es otra cosa bien distinta. Ya de adultos, todo parece indicar que es muy valioso. José Mújica, el que fuera, entre otras, Presidente de Uruguay,  lo identifica con la vida de una forma magistral y nos deja bien patente que no podemos ir al supermercado a comprar vida, a adquirir tiempo. Nos evidencia que, enfrascados en los avatares de nuestra existencia y sumergidos en el consumismo más salvaje, olvidamos que gastamos tiempo de vida, que es lo único no sostenible. Simplemente se va agotando, conforme discurre.

     

    Describir la Historia de la Humanidad puede hacerse concretando los anhelos para sacar rendimiento al tiempo. Capacidades teóricas, prácticas y, desde luego dinero, han buscado sistemas más eficientes, alimentarios, informáticos, y para muchas actividades humanas. Cosa bien distinta es el uso del tiempo vacante que se ahorra. Además, el tiempo tiene una componente subjetiva que se manifiesta en un alargamiento o acortamiento de la percepción, muy ligados al estado de ánimo de la persona que lo percibe.

     

    Definirlo es complicado. Es posible que el intento más aproximado sea un enunciado obvio y simple: el tiempo es lo que miden los relojes. Si contesta un físico teórico, la cosa no es nada simple. Desde Newton, el tiempo era una magnitud absoluta, y las únicas diferencias esperables en su medida, derivarían del sistema de medida empleado. A principios del siglo XX, Einstein introdujo la idea de que no se podía aceptar un tiempo absoluto, dado que cambia cuando nos encontramos cerca de una gran masa y, en todo caso, depende de la velocidad de desplazamiento del observador. Poincaré, de forma independiente, insistió en idéntico planteamiento. En el ámbito de la Termodinámica de los procesos irreversibles, Prigogine y la escuela belga consideran asimetría entre pasado y presente y la denominada flecha del tiempo se relaciona con el desorden del sistema, cuya medida nos la proporciona la entropía del sistema. En suma, se apela a la Termodinámica para concretar el tiempo. Nada, de carácter científico, induce a pensar que el tiempo pasa, transcurre, como vulgarmente se dice, sino que el tiempo, simplemente es. Esto es algo que no se suele reflejar en los diccionarios. El de la RAE dice que tiempo es una magnitud física que permite ordenar una secuencia de sucesos, estableciendo pasado, presente y futuro. Esta asimilación a duración induce, sin duda, a pensar que es el tiempo el que pasa.

     

    Ciertamente, hay fenómenos naturales que se repiten periódicamente. La rotación y la traslación de la Tierra y los cambios de la Luna, son buenos ejemplos que se observaron desde la antigüedad más remota. Estrictamente hablando, la periodicidad de estos cambios ha variado a lo largo de la Historia. Sin ir más lejos, la rotación de la Tierra se retarda. En la época de los dinosaurios, los días eran de 23 horas. En todo caso, la Humanidad siempre ha intentado predecir los sucesos asociados a los cambios periódicos. Predecir fríos o la llegada de depredadores fue objeto de atención muy intensa, acreditando a los diseñadores de la medida como sacerdotes o hechiceros. El movimiento del Sol, la Luna y las estrellas fueron objeto de atención en el Paleolítico. La observación de la evolución de la sombra proyectada por una piedra vertical debió ser el primer instrumento de medida del tiempo y de las estaciones. El monumento de Stonehenge en Inglaterra o el de Newgrange en Irlanda se mantienen en pie tras más de 5000 años. Mientras tanto, en Egipto y Mesopotamia se construyeron los calendarios, solar y lunar, se identificaron 12 constelaciones, las zodiacales,  que les llevó a dividir el año en 12 partes y a su vez, cada día constaba de 12 partes de luz y otras tantas de oscuridad. Años de 360 días y cada seis añadían uno. Julio César ideó el año bisiesto. En 1582, el Papa Gregorio XIII impulsó el calendario gregoriano, que es el que se mantiene hoy día. Detrás de todo ello, la vida que discurre y eso si lo percibimos directamente, si nos fijamos en ello.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook