Blog 
SEMICIRCULO
RSS - Blog de Alberto Requena Rodríguez

Archivo

  • 03
    Julio
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    tecnología Murcia

    EL COSTE DEL PENSAMIENTO

    El cerebro ocupa un volumen en torno a 600 centímetros cúbicos y tiene un peso de unos 1.4 kilogramos. La construcción del tejido encefálico requiere muchos lípidos, en su mayoría ácidos poliinsaturados. En un adulto viene a ser, como mucho, un 2%-3% de la masa corporal. Ahora bien, en reposo, llega a alcanzar la cifra del 20%-25% de la actividad metabólica en reposo de una persona. Es realmente desproporcionado que un 2% de masa desarrolle una actividad hasta 10 veces superior. Cuando desarrollamos actividad física, el gasto energético se ve incrementado por la actividad muscular. Pero, en reposo, el cerebro lidera la actividad. La quinta parte de lo que ingerimos se consume en el encéfalo. Cabe preguntarse si todas las actividades mentales implican el mismo nivel de consumo. Benedict lo estudió, midiendo la tasa metabólica de estudiantes, en reposo y manteniendo la mente en blanco y en actividades de operaciones aritméticas. Las diferencias fueron escasas. La actividad mental parecía suponer un sistema extraordinariamente eficiente. No obstante, pensar no sirve como método de adelgazamiento y en realidad el pensar no “gasta”, por lo que el cansancio no debiera ser excusa para dejar de hacerlo. El coste es mínimo.

     

    El cerebro requiere oxígeno, glucosa y agua para su funcionamiento. En concreto, el requerimiento de oxígeno supera el 25% del total trasportado por el sistema circulatorio. El consumo energético se emplea, casi exclusivamente, en el metabolismo oxidativo de la glucosa, requiriendo 6 moléculas de oxígeno para convertir una molécula de glucosa. En la zona cerebral denominada neocortex se consume un 44% de la energía consumida por el cerebro. En esta zona es donde tienen lugar los procesos relacionados con el aprendizaje y que tienen que ver con la memoria. Vamos a suponer el consumo energético de una persona en unas 1500 kcal en 24 horas, es decir unas 62.5 kcal por hora y unas 17.36 cal por segundo. Este valor equivale a 70.8  watios. Como el cerebro consume en torno a  un 2% de esas 1500 kilocalorias diarias, es decir 300 kilocalorias por día, que suponen 12.5 Kcal por hora y unas 3.47 cal por segundo, o sea 14.458 watios Si lo comparamos con una bombilla supone algo más que la quinta parte de una bombilla convencional de 60 watios o una de bajo consumo actual con luminancia equivalente a unos 80-100 watios convencionales. Pensemos que el más modesto de los tostadores de pan requiere una potencia de 800 watios.

     

    Curiosamente, en la década de los 50 del siglo pasado, Sokoloff realizó un experimento en el que midió el consumo energético del cerebro resolviendo problemas de matemáticas, concluyendo que era inferior al de una persona durmiendo. Estudios posteriores lo confirmaron. Cuando creemos que la mente está desocupada, está analizando intensamente, probablemente clasificando en los bancos de memoria. La actividad del hipocampo es intensa y se consume mucha glucosa en ello.

     

    El cerebro es costoso, como confirman Aielio y Wheeler, apuntando que la evolución ha supuesto una especie de compensación entre los tamaños del cerebro y del aparato digestivo. La cocina de los alimentos y el consiguiente mejor aprovechamiento de los nutrientes habría permitido reducir el aparato digestivo y disparado el consumo de recursos por el cerebro. Navarrete y col., publicaron en la prestigiosa Nature un artículo que desmiente la “hipótesis del tejido energéticamente costoso”, tras examinar decenas de cerebros y vísceras de mamíferos. Nuestro cerebro adulto consume lo mismo que nuestra musculatura (1.3 kilos de cerebro consumen lo mismo que 27 kilos de músculo); en un mamífero cualquiera, solo es de un 5%. El cerebro es el órgano más caro de cuantos existen. Hay una relación inversa entre el tamaño del cerebro y la reserva de grasa (tejido adiposo). El cerebro es el más caro y el tejido adiposo el más barato de nuestro cuerpo. En el fondo, desarrollar una u otro, son dos estrategias de supervivencia, que han resultado excluyentes.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook