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  • 03
    Julio
    2016

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    tecnología Murcia

    EL COLOR DEL MUNDO

     

    Si lo pensamos bien, hay que alegrarse por la suerte que tenemos los humanos por percibir los colores. La franja de longitudes de onda que nuestros supersensores, los ojos, son capaces de percibir, se sitúa entre 400 nanometros y 700 nanometros. Es una franja sumamente estrecha del espectro electromagnético. La región denominada Visible, por razones obvias, es la más estrecha de todo el espectro. En esta región tienen lugar los tránsitos entre niveles de energía de los electrones. Cuando un electrón pasa de uno a otro estado, la diferencia de energía entre éstos, es la que se emite o absorbe en forma de energía electromagnética. Así es, que cuando algún color de algún cuerpo llega hasta nuestra retina, ha tenido lugar una transición electrónica de uno a otro estado, para que se haya emitido la radiación electromagnética que incide en nuestro sensor visual.

     

    Los objetos que vemos, pueden tener luz propia, como el Sol o cualquier bombilla, por ejemplo, que generan la radiación electromagnética que emiten, a su vez, por transformación de otra energía, usualmente eléctrica o, en el caso del Sol, procedente de reacciones nucleares. Pero la mayoría de los cuerpos que forman parte de los escenarios que contemplamos, son iluminados desde fuera de ellos y lo que llega a nuestra vista es lo que ellos no capturan. Son como si se aplicara filtros de la iluminación externa. Ahora, hay que considerar dos elementos, la naturaleza de la iluminación y la estructura electrónica del cuerpo sobre el que incide para que se pueda explicar lo que se queda, de aquélla, y lo que refleja, rechaza o no incorpora.  Si el objeto absorbe toda la luz que le llega, entonces lo veríamos negro. El negro no es propiamente un color, porque es consecuencia de la absorción de toda la luz. Si en algún lugar hay luz, pero no hay ningún objeto que la refleje hacia nuestro ojo, también lo veremos de color negro. Es lo que ocurre cuando la noche extiende su manto y solamente emiten luz las estrellas (luz propia) y los planetas que reflejan la que le llega del Sol. Si un objeto es de color rojo es porque absorbe toda la luz, excepto la correspondiente a la longitud de onda del rojo. Si se ilumina un objeto con luz blanca y lo percibimos de color amarillo, es porque absorbe la longitud de onda correspondiente al azul y refleja verde y rojo, que percibimos superpuestos como amarillo.

     

    Los colores básicos son el rojo, verde y azul y combinando estos se pueden obtener todos los demás, en función de la proporción que empleemos. Partes iguales de rojo y verde produce el color amarillo y partes iguales de verde y azul, produce el azul cielo. Y combinados los tres colores primarios en igual proporción, se obtiene el color blanco. El color más frecuente en las banderas de los países es el rojo, quizás porque rememora el color de la sangre o del fuego. Quizás, esa llamada de atención es la que prima que en los semáforos se emplee esta opción para detener, prohibir, alertar. En cambio, hay otros colores de la Naturaleza, como el blanco de las nubes o el color azul del cielo, que no se explica en términos de absorción de luz, como hemos hecho hasta ahora. Las moléculas que forman el aire, las gotas de agua que forman las nubes o los cristales de hielo que forman la nieve o las partículas que forman la leche, etc. se comportan dispersando la luz, como si se tratara de bolas de billar que colisionan con otras y cambian su dirección de propagación. Y la luz de mayor longitud de onda es la que menos se dispersa. Si no hubiera atmósfera con todas sus partículas dispersando luz, el color del cielo en pleno día sería negro, salvo la luz de las estrellas y los planetas, porque no habría nada que esparciera la luz hacia nosotros y llegara a nuestros ojos. El cielo, en la Luna era negro, cuando en 1969 se tomaron desde ella fotografías, cuando alunizó el Apolo XI, porque la atmósfera de la Luna es muy exigua y no contiene nada que esparza la luz.  

     

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