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  • 15
    Diciembre
    2015

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    tecnología Murcia

    DESCONTANDO EL ILUMINANTE

    Un problema interesante relacionado con el papel del cerebro en la visión del color es que los objetos nos parecen del mismo color, aún con iluminación muy diferente. Tanto si hace sol como si está nublado, como bajo luz eléctrica o la llama de una vela, el color varía poco (exceptuando la ropa bajo la luz de una lámpara fluorescente). Es útil que sea así, porque vivimos en un mundo en el que la iluminación cambia mucho de un sitio a otro. Helmholtz denominó al hecho, “descuento del iluminante”.

     

    A principios del siglo XIX, Young,  propuso la teoría tricromática de la luz (RGB, rojo verde y azul, incluyendo los tres tipos de receptores del ojo, para longitudes de onda bajas, medias y altas), pero permaneció ignorada hasta que en 1850 Helmholtz la retomó y explicó varios fenómenos. Cuando una zona de un color se ve frente a un fondo oscuro, el color que se percibe viene determinado por el balance de longitudes de onda en la luz reflejada, ya que es éste el que controla la fuerza relativa de la estimulación de los tres tipos de receptores del ojo, que posteriormente se identificaron como células en forma de cono y de tres tipos, sensibles a diferentes longitudes de onda, gracias a tres pigmentos con un espectro de absorción en longitudes de onda bajas, medias y altas.

     

    La teoría explicaba los resultados de mezclar luces de distintos colores o pigmentos de diferentes tonalidades, pero no explicaba la constancia del color. Si se altera el balance de las longitudes de onda de la luz iluminante, se cambia el balance de la luz reflejada, de forma que el color cambia. ¿Cuál es la razón para que pequeños cambios en la iluminación tengan tan poco o nulo efecto sobre el color percibido?  Helmholtz lo explicó apelando al “descuento del iluminante”, mediante inferencia inconsciente: “pese a la diferencia de iluminación, aprendemos a formar una idea correcta del color de los cuerpos valorándolo cómo se vería bajo luz blanca […] y la determinación de un color no se debe a un acto de sensación, sino a un acto de valoración, de juicio”.

     

    La moderna solución a la constancia del color se debe a Land, el inventor de Polaroid, que en 1950 demostró que, sólo en circunstancias muy precisas, el color percibido está determinado por las intensidades relativas de la luz de las diferentes longitudes de onda que provienen del área observada. Como el área está inscrita en una escena, el color depende, también, de la luz que proviene del resto de la escena. Así pues, hay que dividir la intensidad absoluta de la luz de cada longitud de onda, que llega a nuestro ojo procedente de un área concreta, por la intensidad media de la luz correspondiente a toda la banda de longitudes  de onda que provienen de la escena que observamos. Pero ¿qué maquinaria neuronal hace este trabajo? Debe estar más allá del cortex visual primario, dado que todas las células de éste, cuyas respuestas han sido registradas, evidencian que la respuesta está determinada por el patrón de información de un área muy pequeña de la retina y el resto de la escena es irrelevante. En 1983 el investigador japonés Samir Zeki experimentó con monos anestesiados, registrando la actividad celular en el área del  cortex, denominada V4, que tiene que ver con el color, mientras el mono veía un color, denominado mondrian (en honor del pintor holandés Piet Mondrian), consistente en pequeños rectángulos de colores. Zeki comprobó que la célula observada solo percibía la luz de un único rectángulo y la proporción de luz que incidía en el rectángulo se podía ajustar a cualquier valor. El cambio de la iluminación fuera, no tiene incidencia en el campo receptivo de las células. Otra clase de células si era sensible al color percibido de la escena completa, influida por la iluminación de la retina fuera del campo receptivo de las células. Corroboró la propuesta de Land. Todo se explica, poco a poco, por complejo que pueda parecer..

     

     

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