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  • 11
    Septiembre
    2016

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    tecnología Murcia

    CIENCIA Y SENTIDO COMUN

     

    La irrupción de la Mecánica Cuántica y la Relatividad en la Física del siglo XX, ha supuesto un encontronazo entre la Ciencia y el sentido común. Mientras que la formulación de la Mecánica Cásica de Newton vino a suponer una especie de conciliación entre la intuición humana y las predicciones que proporcionaba la Ciencia, la Mecánica Cuántica vino a asestar un duro golpe a la creencia de que las partículas tienen una posición determinada, como suponía la intuición y consagraba la mecánica newtoniana. El engranaje cósmico gobernado por ese tegumento que era la gravedad, se vino abajo y con él nuestra intuición sobre el mundo. Por si fuera poco, la relatividad vino a acabar con la creencia, casi grabada genéticamente, de que el tiempo fluye. El resultado final es que los científicos tuvieron que optar entre la intuición y los datos. Los científicos adoptaron los datos, los creyentes, se mantuvieron en la intuición. Estos últimos son los que hoy, todavía, siguen manteniendo y no cejan en sus convicciones, los prejuicios sobre el Universo.

     

    Es digno de destacar que, siendo uno de los problemas fundamentales, la incidencia del observador en la observación, que introdujo la Mecánica Cuántica, es uno de los problemas relevantes en el libre albedrío. Desde la intuición, tomamos decisiones que consideramos libres y, en una interpretación determinista, son estas decisiones las que configuran nuestro futuro y somos, por tanto, responsables de ello. Si esto lo interpretamos desde la Mecánica Clásica, al deberse todo a la interacción entre partículas, una decisión no puede producirse de otra forma, pese a que nos parezca que lo hacemos libremente, pero solamente se van cumpliendo las leyes. Esto choca frontalmente con nuestra percepción, dado que nuestra intuición nos hace sentir que tomamos nosotros la decisión y que ocurre, por tanto, de forma directa y derivada de nuestra voluntad libre. Es difícil creer que pueda suceder de otra forma. Así pues, el libre albedrío es una sensación.

     

    Con la consciencia, el problema es más complicado, por cuanto ésta es una condición previa para que podamos tener una sensación. La consciencia la poseemos, sin duda, pero cuán difícil resulta describir lo que es. La definición por introspección resulta tarea vana, dado que la consciencia es previa a toda construcción mental. Conciliar esto con un origen derivado de interacciones entre partículas que obedecen a unas leyes, resulta poco menos que imposible. La descripción de lo que se siente, de las sensaciones, no se encuentra de forma directa en ninguna de las ecuaciones de las ciencias experimentales, por lo que éstas, no ofrecen respuesta de ninguna clase. Preguntarse sobre sí mismo y obtener respuesta está fuera del alcance de las actuales Ciencias. No se podría abordar desde una Ciencia experimental la consciencia. La razón hay que buscarla en que la Ciencia predice resultados y, por tanto, debe ser comunicable. Pero la experiencia subjetiva no lo es. Una teoría científica tiene que ser falsable, es decir, que tiene que hacer predicciones cuya validez es la que determina su utilidad. Si no responde, se convierte en un viejo paradigma a sustituir por otro nuevo que soslaye esa dificultad. No hay ningún experimento capaz de responder si un organismo es consciente. Se puede pensar en experiencias indirectas: que el organismo nos lo diga, que lo creamos, etc. Pero esto no son pruebas fehacientes. No se pueden verificar las teorías sobre la consciencia, de forma que hay que clasificarlas de acientíficas. EL único resquicio que le queda a la consciencia es la Filosofía, aunque no debe perder de vista nada de lo que la Ciencia ha establecido como fehaciente y debería, permanentemente conciliar sus postulados con ésta.

     

    Así pues, las Ciencias experimentales no pueden despejar el enigma de la consciencia, pero sin ellas tampoco podemos lograrlo. Es posible que conocer la consciencia nos lleve más allá de donde llegan las Ciencias experimentales, pero no podremos lograrlo sin contar con las interacciones entre átomos y moléculas. Hoy la Inteligencia artificial, la neurología, con nuevas técnicas no invasivas, nos van dando a conocer el cerebro con más detalle. Esas técnicas se han desarrollado en el ámbito de las Ciencias experimentales, por cierto. La Ciencia da más de sí, todavía.

     

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