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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 13
    Febrero
    2014

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    SOCIEDAD

    Vivir era fácil con los ojos cerrados

    Finalmente no hubo “paseíllo”, no hubo declaraciones, y por no haber, no hubo ni imágenes legales del interrogotario.

    A Cristina de Borbón le ahorraron, por ser quien es, la humillación y la vergüenza de bajar andando la rampa que lleva a los Juzgados de Palma. La misma que debe recorrer cualquier hijo de vecino cuando tiene que vérselas con algún juez. Cuarenta metros de una calle estrecha que parecen que conducen al cadalso.

    La Infanta pudo llegar en coche, bajarse a las mismas puertas del edificio y evitar así la ráfaga de preguntas de los más de trescientos medios de comunicación apostados en sus inmediaciones. Luego, dentro, se apagaron los focos y los micrófonos. Se prohibió grabar en vídeo las imágenes del interrogatorio, a diferencia de lo que se hace con cualquier imputado. Son estos algunos de los privilegios de los que ha gozado la hija del rey, sin renunciar a ninguno.

    Bien es verdad que, a falta de precedentes para este tipo de situaciones, había que sentarlos. Es la primera vez en la historia de España que un miembro de la Casa Real tiene que comparecer ante un juez en calidad de acusado. En cualquier caso, demos por buenos estos privilegios reales, estas concesiones, si a partir de ahora se democratizan. Y reconozcamos la valentía y determinación del juez Castro, que pese a sufrir innumerables presiones ha sabido mantenerse firme en este proceso.

    De poco ha servido, sin embargo, la prohibición de grabar en el interior de la sala. A la tecnología, como al campo, no es fácil ponerle puertas. Alguien consiguió introducir una cámara y lo que captó no tardó en aparecer en los medios. Unas imágenes clandestinas en las que se ve a la Infanta, de espaldas, contestando al juez. No importa que la grabación sea de una calidad sonora y visual pésima. Basta para darnos una idea de cómo pudieron transcurrir las más de seis horas que duró el interrogatorio. La hija del rey negó toda vinculación con los presuntos negocios sucios de su marido, y “no sé”, “no me consta”, “no lo recuerdo” fueron las respuestas más reiteradas ante el juez. Es la línea de defensa establecida, se apunta, para salvarla a ella y al trono.

    Claro que, visto lo visto, cuesta entender que una mujer como ella, que ha cursado estudios universitarios de economía y que trabaja en una entidad bancaria, lo desconociera todo de las finanzas familiares y de las empresas presuntamente delictivas cuyas acciones se repartía con Urdangarin a partes iguales. ¿Acaso nunca se preguntó cómo entraban los cientos de miles de euros que les permitieron adquirir un palacete millonario en Barcelona y llevar el tren de vida que llevaban? “Yo confiaba en mi marido” repitió una y otra vez descargando toda la responsabilidad sobre él.

    “Vivir es fácil con los ojos cerrados” cantaba Lennon. Sobre todo vivir una vida de lujo, añadimos nosotros. Sin mirar, sin preguntarse, sin querer saber. ¿Es eso lo que hacía la Infanta?

    Qué diferencia con los que se ganan todos los días el pan con el sudor de su frente. Con los que se levantan cada mañana a las siete para acudir a un trabajo por el que cobrarán un mísero salario mínimo de 645 euros al mes. O con las ganas de saber de aquel profesor cartagenero que se fue a Almería en busca de su ídolo para mejorar sus clases de inglés. Una magnífica historia llevada al cine por David Trueba que consiguió seis Goyas la noche del domingo. Javier Cámara es el encargado de darle vida a ese hombre inquieto y obstinado que cree en los jóvenes y en su capacidad de conocer y aprender.

    Es cómodo vivir con los ojos cerrados. “Desconocer la mecánica”, como dice la Infanta. Es la coartada a la que se aferra y la que terminará probablemente, con la ayuda del Ministerio Fiscal, por exculparla, mientras que a Urdangarin le caen 17 años. Pero lo que vale para la hija del rey no vale para todo el mundo. Desde luego no para el juez Castro, quien no parece amedrentarse ante las dificultades porque mantiene los ojos bien abiertos.

     

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